LA PURIFICACION DE LA IGLESIA

En el plan Eterno de Dios, la iglesia no tiene pecado. Pero ¿qué hay de la iglesia hoy? ¿De qué manera Cristo perfeccionará a la iglesia? Él lo haría por el lavamiento del agua en la palabra: el réma.

El agua alude a la vida. Tipifica la vida liberada mediante el aspecto no redentor de la muerte de Cristo. Cristo está usando Su vida en Su palabra, Su réma, para purificarnos.

El defecto de la iglesia no consiste en haber recibido un Cristo demasiado pequeño, sino en tener demasiadas cosas que no son Cristo mismo.

Cada uno de nosotros, los que pertenecemos verdaderamente a Cristo, tenemos cierta porción que es única y totalmente Cristo mismo. A parte de esta porción, seguimos teniendo muchas cosas que no son Cristo. Debido a estas cosas extrañas debemos ser purificados.

En Génesis 2, Eva no necesitaba ser purificada, pero si consideramos que ahora nosotros no necesitamos purificación, nos estamos engañando.

A menudo no sabemos en qué aspecto debemos ser purificados. Pero un día la vida que está en nosotros no nos dejará en paz, incomodándonos al respecto. Poco después su Réma entra en nosotros y nos muestra lo que debemos pasar por la purificación.

Todo el asunto de nuestro crecimiento y progreso depende de nuestra actitud hacia la vida y el Réma. La vida natural y todo lo que no viene de Cristo debe ser depurado. La santificación puede venir únicamente después de la purificación, y la base de la purificación es la Palabra del Señor, el Réma.

La palabra que el Señor nos habla nos permite alcanzar el propósito eterno de Dios. La iglesia que es conforme a la voluntad de Dios y la iglesia en su estado actual (caída) son dos cosas totalmente distintas.

Debemos recordar que el conocimiento es una cosa y otra cosa bastante diferente es la estatura espiritual. Toda doctrina, enseñanza, teología y conocimiento es de poca utilidad si solo fluye de una persona a otra.

El verdadero crecimiento depende de que recibamos la palabra directamente del Señor, Dios usa su Réma para llevar a cabo su obra.

¿Cómo podemos estar satisfechos con el conocimiento y las doctrinas mientras la iglesia se encuentra en una condición caída, cuando ha faltado a Dios y está ciega con respecto a su voluntad?

Si hacemos algo simplemente porque los demás nos piden hacerlo, estamos observando la ley, y no estamos en el Nuevo Testamento. Una persona de mente clara puede dividir el libro de Romanos en secciones, tales como “salvación”, “justificación”, etc. Pero en su interior, hay una gran deficiencia: Dios no le ha hablado. Un hombre puede tener conocimiento y al mismo tiempo no tener la palabra de Dios (Réma).

Muchas personas piensan que conocer las Escrituras y entender las doctrinas constituye la espiritualidad. ¡No es cierto! Debemos distinguir entre lo muerto y lo vivo, entre el simple conocimiento y lo espiritual.

LA IGLESIA GLORIOSA

¿Cuál es el propósito de Dios en Su obra de purificación y santificación? Consiste en que un día ¡él se presente así mismo una iglesia gloriosa! (Efesios 5:27). En el idioma original significa que la iglesia es introducida en la gloria.

Esta iglesia Gloriosa no tendrá mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que será santa y sin defecto (Efesios 5:27). Cuando una persona empieza a tener arrugas, significa que envejece. El Señor quiere llevar a la iglesia a la etapa donde no hay nada viejo, nada del pasado.

Los cristianos que nunca han recibido la revelación directa están atrasando la obra de Dios.

LA OBRA Y RESPONSABILIDAD DE LA IGLESIA DELANTE DE DIOS

Cuando leemos en Efesios 6:10-12, nos damos cuenta de que la obra y la responsabilidad de la iglesia constituyen una guerra espiritual. En los versículos 13-14 la Escritura nos dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podaís resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad pues firmes”.

Debemos estar firmes, y no atacar. La guerra espiritual es defensiva; no es ofensiva porque el Señor Jesús ya peleó la batalla y ganó la victoria. La obra de la iglesia en la tierra consiste simplemente en mantener la victoria del Señor.

No se necesita atacar; estar firmes es suficiente. El punto de partida de la guerra espiritual consiste en mantenernos firmes sobre la victoria de Cristo; es decir Cristo ya venció. La guerra espiritual es el conflicto entre la autoridad de Dios y el poder de Satanás.

Mateo 12:28 ¿Qué es el Reino de Dios? Es el derrocamiento del poder de Satanás por medio del poder de Dios. Donde el diablo ha sido echado, donde la obra del enemigo ha sido desplazada por el poder de Dios, su Reino está ahí, es decir creamos el ambiente propicio para que éste (su Reino) se manifieste, en esencia su Reino está allí. Apocalipsis 12:9-10 Cada vez que Satanás  abandona un lugar, es porque el Reino de Dios está allí.

Cuando los fariseos preguntaron cuando había de venir el Reino de Dios, el Señor Jesús les contestó: “El Reino de Dios no vendrá de modo, que pueda observarse, ni dirán: helo allí; porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros” Lucas 17:20-21.

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Cuando Él estaba allí, Satanás no podía estar allí. En Lucas 4 vemos a un hombre poseído por un demonio. ¿Cómo reaccionó el demonio cuando vio al Señor? Dondequiera que esté el Señor, los demonios no pueden estar allí. La presencia misma del Señor Jesús representa “el Reino de Dios”.

El Señor Jesús representa el Reino de Dios, y la iglesia también representa al Reino de Dios. Lo imprescindible es esto: Dios quiere que la iglesia represente a su Reino. La obra de la iglesia en la Tierra consiste en traer el Reino de Dios.

Mateo 6:9-10 Si la venida del Reino de Dios fuera automática el Señor jamás nos hubiera enseñado a orar así. Pero el Señor nos ordenó que orásemos de esta manera, lo cual indica simplemente que Él nos mostró que ésta es la obra de la iglesia. Si la iglesia debe predicar el evangelio, pero aún más, la iglesia debe orar para traer el Reino de Dios. Dios necesita que la iglesia trabaje con Él. Mediante la oración, la iglesia debe liberar el poder del Reino de Dios sobre la Tierra.

¿Qué clase de vivir debemos mantener para cumplir esta tarea? Debemos confesar todos nuestros pecados e iniquidades, debemos congregarnos incondicionalmente a Dios, y debemos poner fin a nuestra vida anímica (almática, emocional) y a nuestra vida natural.

El “Yo” no puede resistir a Satanás. ¡EL “Yo” debe irse! Cada vez que el “Yo” desaparece, entra el Señor Jesús. Cada vez que el “Yo” entra hay fracaso. Cada vez que el Señor entra, hay victoria. Los dardos encendidos de Satanás pueden entrar en nuestra carne, pero, alabado sea Dios, podemos vestirnos con Cristo, quien ha ganado la victoria.

Como cuerpo de Cristo, debemos aprender a trabajar juntamente con Dios, No deberíamos imaginarnos que ser salvos es suficiente.

La caída del hombre tiene dos consecuencias: la primera es el problema de la responsabilidad moral del hombre, la otra es la usurpación de la autoridad en la Tierra por parte de Satanás. Por una parte el hombre perdió algo, pero por otra, Dios también sufrió pérdida. La pérdida de Dios no puede ser restaurada mediante la redención; puede ser restaurada solamente por Él.

El propósito directo de la redención concierne al hombre, mientras que el propósito directo del Reino consiste en acabar con Satanás. La redención ha ganado lo que el hombre perdió; el Reino destruirá lo que Satanás ganó.

El hombre recibió originalmente la responsabilidad de derrocar la autoridad de Satanás, pero el hombre cayó, dejándole a Satanás la autoridad. El hombre mismo vino a estar sujeto a él. Satanás se convirtió en el hombre fuerte (Mateo 12:29). Esta situación exige que el Reino lo derrote, es decir la iglesia, nosotros. Si el Reino no existiera, entonces la obra de Satanás no podría ser derribada debido a la caída del hombre.

El cielo nuevo y la tierra nueva no aparecieron inmediatamente después de que se cumplió la redención porque el problema de Satanás todavía no se ha solucionado. Antes del advenimiento del cielo nuevo y la tierra nueva, primero debe venir el Reino (apocalipsis 11:15). El Reino conecta con la eternidad (apocalipsis 21, 22).

Isaías 65 describe el Reino como el cielo nuevo y la tierra nueva. Esto significa que Isaías veía el Reino como la introducción al cielo nuevo y la tierra nueva. ¿Por qué hemos sido salvos? ¿Sólo para no ir al infierno? No, esto no es el centro. ¿Por qué, pues, nos quiere salvar Cristo? Podemos responder a esta pregunta desde perspectivas diferentes: desde el punto de vista del hombre y desde la perspectiva de Dios.

En su obra redentora el Señor Jesús destruyó todo el terreno legal del diablo. Todo el reinado legal de Satanás fue llevado a su fin mediante la redención. La redención fue la sentencia por la cual Satanás fue desprovisto de su posición legal. Ahora la iglesia tiene la responsabilidad de ejecutar esta sentencia. Nuestra responsabilidad es doble. Por una parte, debemos conducir a la gente del mundo a la salvación, y por otra, debemos estar firmes para el Reino.

El Reino de Dios es la esfera en la cual Dios ejerce Su autoridad. Debemos tener este Reino entre nosotros (creando un ambiente propicio espiritualmente hasta que sea establecido en toda la Tierra).

Dios debe tener Su autoridad, su poder y Su gloria entre nosotros. No debemos buscar solamente vivir delante de Dios conforme a Efesios 5, sino que también debemos proceder de acuerdo con la responsabilidad que Efesios 6 nos revela. Entonces tendremos no solamente una iglesia gloriosa, santa y sin mancha, sino que también seremos los que habrán cooperado con Dios para traer Su Reino y hacer que Satanás sufra pérdida en esta Tierra.

Pastor Israel Chapa.

27/08/2015 20:54

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