EXPERIENCIAS PROFUNDAS

SALMO 42:7  Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

     Solamente el llamado de un abismo puede lograr que otro abismo responda. Lo superficial no puede descender a los abismos ni penetrar jamás a las partes más hondas, ya que lo profundo sólo responde a lo profundo.

Sólo lo que procede de lo más intimo de nuestro ser puede lograr una respuesta íntima. Cuando escuchamos un mensaje, lo único que conmueve nuestro interior es lo que proviene del interior del que habla; si no sale nada de lo profundo de su ser, la ayuda que recibiremos es superficial.

Debemos ver que la profundidad espiritual es crucial, pues sólo lo que brote de allí podrá tocar lo profundo del ser de otros. Si queremos ayudar espiritualmente a alguien, algo debe brotar de lo profundo de nuestro ser. Si no cavamos profundo en nuestro interior, nunca podremos llegar a nadie.

Si nuestro ser no recibe ayuda ni beneficio, nunca brotará nada de él. Las expresiones superficiales nunca tocarán lo profundo de los demás.

TENER RAICES PROFUNDAS

     Marcos 4:5  Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. Pero cuando salió el sol, se quemó; y por no tener raíz, se secó.

     En la parábola del sembrador encontramos el principio que debemos seguir cuando predicamos el evangelio o recibimos la palabra de Dios. Cuando el sembrador salió a sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, otra en pedregales y otra entre espinos, pero cayó en buena tierra. Vemos aquí las cuatro maneras en que el hombre recibe la palabra.

El Señor Jesús nos dice que uno de esos lugares es los pedregales. Allí se ve la tierra en la superficie, pero por debajo hay muchas piedras. La semilla que cae en esta clase de terreno, brota pronto, pero cuando el sol sale, se seca porque no tiene raíz.

¿Qué es la raíz? Es la parte de la planta que crece bajo la tierra. ¿Qué son las hojas? Es la parte que crece sobre la tierra. Podemos decir que la raíz es la parte escondida de la vida, mientras que las hojas son la vida manifestada.

El problema de muchos cristianos es que aunque tienen mucha vida, poca se mantiene en secreto. En otras palabras, les falta esa vida escondida.

Se da mucho énfasis al trabajo en la obra. Por supuesto, las buenas acciones son importantes, pero aparte de esa expresión de su vida, ¿cuánto de esa vida se mantienen escondida? Si toda la vida espiritual de uno se mantiene expuesta, entonces uno no tiene raíces. ¿Están sus virtudes manifestadas ante lo hombres, o hay algo que ellos no conocen? Si todas sus experiencias son manifiestas, esto indica que su crecimiento es externo y que carece de crecimiento interno. Si éste es el caso, usted es una persona que tiene hojas, pero no tiene raíces, así que se encuentra en la superficie.

Debemos saber que la vida que el Señor le da a cada miembro de Su Cuerpo, es individual. Por ello, usted debe guardar en secreto esa porción personal que Él le dio; de no ser así, esa porción perderá su carácter específico, y no podrá ser útil para el Señor. Si usted pone al descubierto aquello que le ha dado específicamente, se marchitará.

    Mateo 6:6  Mas tú, cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en lo público.

     Esto indica que, por un lado, si usted es cristiano, debe confesar su fe de forma pública; y por otro, ciertas virtudes cristianas se deben de guardar de la vista pública. El creyente que exhibe todas sus virtudes y no reserva nada en lo profundo de su ser, no tiene raíces; y no podrá permanecer firme cuando lleguen las pruebas y las tentaciones.

    EXPERIENCIAS PROFUNDAS

     Pablo dijo en su carta a los corintios: “El gloriarse es necesario, aunque no es provechoso; pasaré entonces a las visiones y revelaciones del Señor”.2ª Corintios 12:1. Por causa de otros, se vio obligado a hablar de las visiones y revelaciones que el Señor le había dado.

Si Pablo sabía que no le era de provecho mencionar sus visiones y revelaciones, ¿por qué lo hizo? Porque se vio forzado a hacerlo ya que algunos dudaban de su apostolado, y por los problemas que existían acerca del fundamento de la fe cristiana.

¿Dio a conocer todas las revelaciones que recibió? De ninguna manera. Él escribió: “2ª Corintios 12:2-5  Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo.

Por catorce años él no habló de esta experiencia. ¡Qué profundidad había en Pablo! Sería asombroso si nosotros ocultáramos por lo menos siete años alguna revelación dada por Dios. Sin embargo, Pablo por catorce años no divulgó su experiencia; en catorce años la iglesia de Dios no supo nada al respecto; ni siquiera los apóstoles habían oído de ello. Pablo tenía raíces muy profundas.

Este asunto de tener raíces es de suma importancia. Si desean que su obra sea como la de Pablo, deben tener raíces como las de Pablo, si desean tener la conducta de Pablo, necesitan tener la vida interior de Pablo; y si anhelan tener el poder que se manifestó en él, entonces necesitan tener las experiencias secretas de Pablo.

El problema de los cristianos de hoy es que no pueden tener alguna experiencia espiritual o especial, sin revelarla de inmediato. Tan pronto como obtienen una pequeña experiencia, corren a contarla. Viven una vida pública; no hay nada guardado en su interior; no tienen raíces.

UNA VIDA SUPERFICIAL

     Isaías 39 narra la ocasión cuando el rey de Babilonia recibió la noticia de que Ezequías había estado enfermo y que ya se había recuperado; envió mensajeros con cartas presentes para él. Ezequías, quien había recibido mucha gracia de Dios, no pasó la prueba de gracia. La palabra de Dios dice en su versículo 2: “Se alegró por ello Ezequías y les mostró la casa de su tesoro: la plata y el oro, las especias y el aceite precioso, todo su arsenal y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo nada en su casa ni en todo su dominio que Ezequías no les mostrara”.

Ezequías no pudo resistir la tentación de mostrar todo lo que poseía. Apenas fue sanado milagrosamente de su enfermedad y se sintió autosuficiente, actuó con arrogancia. Después de todo, a ninguna otra persona que fue sanada se le dio la asombrosa señal de hacer retroceder diez grados la sombra del sol (Isaías 38:8). En su gozo, Ezequías mostró todos sus tesoros, lo cual revela que no había sido quebrantado por la cruz. Su vida natural no fue eliminada y, como consecuencia, todas sus raíces quedaron al descubierto.

Aquello que mostremos a los demás, lo perderemos. La medida de vida que exhibamos, será la medida de vida que se nos escapará.

Lamentablemente, muchas personas no pueden abstenerse de revelar sus experiencias, dándolas a conocer para deleitar su corazón, que fue lo que hizo Ezequías al mostrar sus tesoros.

TESTIFICAR SIN EXHIBIRSE

¿Significa esto que no debemos de testificar? Por supuesto que debemos hacerlo. Pero testificar es una cosa, y complacerse en exhibir nuestras experiencias es otra. ¿Cuál es nuestro verdadero motivo al testificar? Deleitarnos en oír nuestra propia voz y ayudar a otros son dos cosas totalmente diferentes.

Cuando hablamos vanamente, perdemos riquezas espirituales. Cuando el Señor en verdad nos lo indique, debemos testificar, procurando ayudar a los demás.

Pablo mencionó el hecho, pero no dio ningún detalle. Únicamente habló del hecho de que había tenido una revelación en la que oyó palabras inefables que no le era dado al hombre expresar, y no dijo las palabras que oyó. Hasta el día de hoy, el tercer cielo es un misterio y todavía no sabemos como es.

Muchas de nuestras experiencias espirituales deben guardarse en secreto. En muchas ocasiones el Señor pedía a quienes sanaba que no lo dijeran a nadie. En una ocasión el Señor le dijo a cierta persona: “Marcos 5:19  Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti”.

Si uno divulga lo que Dios hace en uno, inmediatamente sentirá que la muerte viene sobre lo que ha experimentado, y se va desvaneciendo a medida que uno lo exhibe. En 2 Samuel 24 encontramos que cuando David censó a los hijos de Israel, la muerte vino sobre ellos. Dios nos libre de exhibir lo que tenemos.

Sólo debemos actuar según las instrucciones que Dios nos da. Debemos revelar algo si interiormente somos guiados a hacerlo. Si Dios quiere que compartamos alguna experiencia con un hermano, debemos hacerlo, pues de lo contrario violaríamos una ley de los miembros del cuerpo de Cristo, que es la comunión. Si reprimimos esta ley, el fluir se detendrá.

A medida que ganamos profundidad y extendemos nuestras raíces, descubriremos que “Un abismo llama a otro”. Cuando extraemos riquezas de lo más profundo de nuestro ser, vemos que otras vidas son profundamente afectadas. En el momento que toquemos nuestro ser interior,  otros creyentes recibirán ayuda y serán iluminados. Se darán cuenta de que hay algo más profundo de lo que pueden entender. Cuando lo profundo que hay en nosotros de uno toca lo profundo de otra persona, ella responde. Si nuestra vida no tiene profundidad, nuestra obra será superficial y el efecto que tenga en lo demás también será superficial y el efecto que tenga en lo demás también será superficial.