MILITARES, ARMAS Y FORTALEZAS

2a Corintios 10:3-5  RV 1909 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas)  Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento á la obediencia, de Cristo;  Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.

  •  Es cierto que somos humanos, pero no luchamos como los hombres de este mundo.

En la antigüedad las guerras normalmente eran por territorios, buscando así controlar los productos de la región (frutos), hacerse de mano de obra  sin tener que pagar por ella (esclavitud); en estos casos el pueblo vencedor imponía desde sus costumbres, cultura, concepto religioso etc.

En la actualidad no es muy diferente de las guerras de antaño, y si nos referimos a la lucha espiritual tiene un paralelismo fácilmente detectable.

Lo que en la Biblia se nos ilustró sobre todo con la conquista de Canaán, forma un impresionante espejo de lo que sucede en nuestros días. Canaán tipifica nuestra alma, que, sin duda, es el territorio en disputa. Como en la antigüedad, los enemigos han sitiado nuestra alma, nuestro Canaán, y como estrategia para vencernos tienen agentes infiltrados dentro de nuestro territorio, para que, a través de ellos puedan  apoderarse cada vez más de nuestra tan valiosa alma.

   El apóstol Pablo utiliza la palabra militamos, dándonos a entender que estamos en medio de una campaña militar, con sus deberes y funciones, batallando contra las inclinaciones negativas de este mundo, no es un periodo de descanso, no es un día de campo, lo queramos o no estamos en guerra, ¡lo creamos o no estamos en guerra! El primer enemigo a vencer es pues ese hábito, costumbre, cultura, razonamiento o concepto religioso que se ha infiltrado, y han avanzado, sometiéndonos cada vez más a la esclavitud, a la desobediencia a Dios y a la sumisión de lo que pensamos no es malo pero que en realidad va carcomiendo, conquistando, avanzando en el control de Canaán, en el control de nuestra alma.

  • LAS ARMAS CON QUE LUCHAMOS NO SON DEL MUNDO.

El apóstol aclara que no luchamos como los hombres de este mundo, ventajosamente, premeditando, vengativamente, poniendo por delante nuestros intereses, imponiendo nuestra voluntad, hipócritamente, egoístamente, o al menos no deberíamos de luchar así.

Por el contrario, afirma que nuestras armas, herramientas o utensilios que provienen de Dios, y por ello tienen poder divino para destruir  algo que él llamó fortalezas.

  • SON PODER DE DIOS CAPAZ DE DESTRUIR FORTALEZAS

Pero ¿a qué se refiere Pablo con fortalezas? ¿Qué son esos agentes infiltrados que se fortifican y levantan muros como los de Troya o Jericó?

La misma escritura nos señala que en primer lugar son cosas en las que reposa la confianza meramente humana. Son cosas que quizá a los ojos de la población general no constituyen una falta, ya que su práctica constante ha llegado a desnaturalizarla de su original rechazo.

Estas cosas que se transforman en fortalezas enemigas en nuestro territorio (alma), pueden ser cosas de las más triviales como malos hábitos, anomalías de carácter etc. Hasta actitudes realmente graves que van acabando con la parte espiritual de nuestro ser, que quiere y necesita estar en comunión con Jesús, con el Padre y con su Santo Espíritu.

Algunos ejemplos de estas fortalezas son:

  1. Pactos antiguos no cumplidos
  2. Dependencia a Fármacos
  3. Orgullo y Miedos
  4. Idolatrías en el alma
  5. Celos e Infidelidad
  6. Limitaciones a través de prohibir o reprimir
  7. Hipocresía
  8. La Ira
  9. Vanidad
  10. Timidez y Apatía
  11. Burla e Ignorancia
  12. Preocupaciones e Impurezas
  13. Sentimientos de Humillación
  14. Discriminación
  15. Temor al cambio
  16. Vergüenza y Ligaduras
  17. Placer excesivo
  18. Pronuncias Maldiciones
  19. Ser Obstinado
  20. Tener desviaciones Sexuales o provocar división
  21. Ser una persona resentida
  22. Ser Astutos para lo malo
  23. Tener Problemas de Seducción
  24. Usar el sarcasmo como método de humillación
  25. Inflexibilidad del Alma
  26. Prejuicios
  27. Amargura
  28. Alma conflictiva
  29. Ser ofensivo
  30. Falta de Autocontrol

Entre más estemos conscientes de que,  ya sea que batallemos o no en contra de estas fortalezas, ellas si están ganando espacio en el territorio que debería estar destinado para Dios.

Al igual que un militar deberemos acondicionar nuestros cuerpos a diferentes disciplinas como obedecer ordenes de nuestros líderes y sobre todo de Dios, ejercitarnos (actividades tales como la lectura bíblica, ayuno, oración), moldear el carácter, reaccionar conforme a la voluntad de Dios y no conforme a nuestra mente, marcar el paso para ser de vanguardia y no de retaguardia, ser fieles a nuestra nación (nuestra ciudadanía está en los cielos), dar la vida por mis compañeros (como Jesús), estudiar estrategias (guerra espiritual), tener horarios diseñados para actividades predeterminadas, y sobre todo tácticas de combate (uso de la espada, la Biblia).

    PERO POR SOBRE TODAS LAS COSAS EL ARMA MÁS PODEROSA QUE TENEMOS ES EL AMOR DE DIOS.

 

EL AMOR DE JESÚS QUE DIO SU VIDA POR NOSOTROS.

EL AMOR DEL PADRE AL SACRIFICAR A SU ÚNICO HIJO POR NOSOTROS.

Y EL AMOR DEL ESPÍRITU SANTO AL PREPARARNOS PARA IR A SU ENCUENTRO.

 

¿HAY ESE AMOR EN TI PARA DESTRUIR CUALQUIER TIPO DE FORTALEZA?

 

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