FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS

Jesucristo reinará en toda la tierra.

El plan divino de salvación tiene que ver con restauración, y la Fiesta de los Tabernáculos representa el tiempo en que esto se realizará a escala mundial.

En su primer sermón después de haber recibido el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés, el apóstol Pedro resumió la exhortación que Dios hace a la humanidad (Hechos 3:19-21).

¿Qué son estos “tiempos de refrigerio” y “tiempos de la restauración de todas las cosas” de que Pedro habló?

La restauración empezará con el retorno de Jesucristo y el encadenamiento de Satanás. Cuando se cumplan estas cosas, que están simbolizadas en la Fiesta de las Trompetas y el Día de Expiación, entonces estará formada la base para que toda la creación sea restaurada en paz y armonía con Dios.

La Fiesta de los Tabernáculos (Levítico 23:27, 34) representa los mil años del reinado de Jesucristo a partir de su retorno a la tierra (Apocalipsis 20:4). A este período con frecuencia se le llama el Milenio.

Esta fiesta simboliza la gran cosecha de la humanidad cuando todos conocerán los caminos de Dios y el hombre por fin podrá gozar de la relación que Dios siempre quiso tener con él (Isaías 11:9-10). Ese maravilloso tiempo de paz también está representado por el descanso del sábado, el día de reposo semanal (Hebreos 4:1-11).

Pablo sabía que Jesucristo repararía esa ruptura causada por la desobediencia del hombre: “Por cuanto la muerte entró por un hombre [Adán], también por un hombre [Cristo] la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:21-22).

Isaías predijo la restauración del mundo

Jesús hizo referencia al entendimiento especial que se le había dado a este profeta: “Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él” (Juan 12:41). Este siervo de Dios no sólo profetizó acerca del ministerio terrenal de Jesús, sino que también escribió acerca de su retorno, cuando vendrá con poder y gran gloria (Isaías 66:15-16).

Un mundo de paz y prosperidad

En ese tiempo toda la creación estará en armonía con Dios y habrá paz universal. El rey David dijo: “Mucha paz tienen los que aman tu ley” (Salmos119:165). ¡Imaginémonos cómo será el mundo cuando todos conozcan y vivan conforme a la ley de Dios! Pero el conocimiento, por sí solo, no es lo que producirá esta asombrosa transformación. Tendrá que operarse un cambio espiritual en toda la gente. Dios nos explica cómo sucederá: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).

No habrá robos ni existirá la falta de respeto hacia las personas o hacia sus propiedades. Debido a que finalmente el mundo estará en paz, las naciones “volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4; Miqueas 4:3).

Los efectos del pecado desaparecerán

Dios sanará las enfermedades y otros males físicos. La profecía de Isaías nos habla del tiempo en que “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo. . .” (Isaías 35:5-6).

En ese tiempo empezarán a desaparecer las consecuencias o efectos acumulados del pecado, fruto de todas las generaciones en que el hombre ha seguido los caminos de Satanás.

El mismo tema de la abundancia en las cosechas continúa en el cumplimiento futuro de esta fiesta. Por medio de Isaías, Dios también hizo saber que los desiertos serán transformados en tierras fértiles, “porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas” (Isaías 35:6-7).

El significado de los tabernáculos

El nombre de la Fiesta de los Tabernáculos proviene del mandamiento que Dios le dio al antiguo Israel de que construyeran habitaciones temporales —tabernáculos o cabañas— donde habían de vivir La Fiesta de los Tabernáculos: Jesucristo reinará en toda la tierra durante esta festividad. Los israelitas salían de sus casas y construían moradas temporales (en hebreo succah, que significa “choza construida de ramas”) en las que vivían mientras se regocijaban ante Dios. Esto les recordaba que cuando fueron liberados de la esclavitud en Egipto Dios les hizo vivir en tabernáculos (Levítico 23:34, 41-43).

La Biblia hace hincapié en que, como en el caso de los tabernáculos o moradas temporales, nuestra vida es transitoria. El apóstol Pablo trata este tema en 2 Corintios 5:1-2: “Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”.

Esta fiesta nos recuerda que, a pesar de todas las posesiones materiales que podamos tener, aún somos mortales y no podemos heredar la vida eterna sin ser transformados de carne a espíritu (1 Corintios 15:50-54).

El papel de los santos resucitados

Tal como se representa en la Fiesta de los Tabernáculos, durante el Milenio los habitantes del mundo entero serán juzgados (Isaías 2:4; 51:4-5). Ese período de juicio será un tiempo en que todos tendrán oportunidad de recibir la salvación. Con este propósito Dios ha apartado mil años durante los cuales los santos resucitados —las primicias de la cosecha de Dios— reinarán con Cristo en la tierra como reyes y sacerdotes de manera que muchos otros puedan entrar en el Reino de Dios (Apocalipsis 5:10; 20:6). El propósito de Dios es “llevar muchos hijos a la gloria” (Hebreos 2:10).

Jesús prometió: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26). La gente que resucite al retorno de Cristo tendrá la singular oportunidad de trabajar con él para ayudar a las naciones a cultivar una estrecha relación con Dios.

La base de esta relación es la instrucción sobre la ley de Dios y la celebración de estas mismas fiestas santas: “Todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:16).

Muchos estarán colaborando con Jesucristo en este programa mundial de educación para ayudar a otros a entender los caminos de Dios.

El llamamiento para enseñar a otros a fin de que puedan entender los caminos de Dios y reconciliarse con él es una oportunidad maravillosa. Cada uno de los que sirvan en este aspecto será llamado “reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar” (Isaías 58:12).

Actualmente, Dios está llamando a unas cuantas personas para que salgan del mundo y sean su pueblo escogido, santificado y redimido (2 Corintios 6:16-7:1). Estas personas deben llevar una vida ejemplar, ya que Dios las está preparando para servir durante el Milenio y aun después, (1 Pedro 2:11-12).

Un conflicto final

A pesar de que Dios desea que “todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4), nunca obliga a nadie a que lo obedezca. Cada persona está en libertad de elegir lo que hace: aceptar o rechazar el camino de vida de Dios. Al final de los mil años Dios permitirá que Satanás ponga a prueba la condición espiritual de la gente (Apocalipsis 20:7-10).

Esta trágica rebelión final en contra de Dios será aplastada, y él destruirá en el fuego a los que hayan seguido a Satanás. La engañosa, perniciosa y destructiva influencia de Satanás sobre la humanidad finalmente terminará para siempre.

Entonces todo estará listo para los acontecimientos representados en otra de las fiestas de Dios. Hasta aquí hemos visto que a todos los que estén vivos al retorno de Jesucristo, así como a todos sus descendientes durante el Milenio, se les brindará una maravillosa oportunidad para recibir la salvación. Pero ¿qué de los miles de millones de personas de todas las generaciones pasadas que vivieron y murieron sin  entender —o siquiera oír— la verdad de Dios? Y ¿qué de los que mueran —sin haberse arrepentido— durante los terribles acontecimientos previos al retorno de Jesucristo? ¿Cómo y cuándo les ofrecerá Dios la salvación?

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EL DIA DE LA EXPIACIÓN

La Pascua nos enseña que somos reconciliados con Dios por medio del sacrificio de Jesucristo. Entonces, ¿por qué es necesaria otra fiesta para enseñarnos acerca de la expiación? Y si ya hemos sido reconciliados, ¿por qué necesitamos ayunar, como se ordena en el Día de Expiación (Levítico 23:27; ver también Hechos 27:9)?

Tanto el Día de Expiación como la Pascua nos enseñan acerca del perdón del pecado y nuestra reconciliación con Dios por medio del sacrificio de Cristo. Por ahora, la Pascua se aplica personal e individualmente a los que Dios ha llamado en este tiempo, en tanto que el Día de Expiación tiene implicaciones mundiales muy importantes.

El Día de Expiación tiene un aspecto muy especial que no se encuentra en el significado de la Pascua, y esto es algo que tiene que llevarse a cabo antes de que la humanidad pueda disfrutar de paz.

Satanás es el autor del pecadoazazel

El Día de Expiación tiene que ver no sólo con el perdón del pecado, sino que también representa la eliminación de la causa principal del pecado: Satanás y sus demonios. Hasta que Dios elimine al primer incitador del pecado, la humanidad sencillamente continuará cayendo en la desobediencia y el sufrimiento.

Los cristianos que se esfuerzan por resistir a Satanás y por dejar de pecar, sostienen batallas espirituales contra el diablo y sus demonios: “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

El Día de Expiación nos proyecta hacia el futuro cuando Satanás no tendrá influencia sobre la humanidad ni podrá engañarla durante mil años (Apocalipsis 20:1-3).

El simbolismo en el Antiguo Testamento

En Levítico 16 vemos las instrucciones que Dios dio al antiguo Israel con respecto al Día de Expiación. Aunque después del sacrificio de Cristo ya no se requiere el sacrificio de animales, este capítulo amplía considerablemente nuestra comprensión del plan de Dios.

El sumo sacerdote echaba suertes “sobre los dos machos cabríos; una suerte por el Eterno, y otra suerte por Azazel” (v. 8). Muchos eruditos consideran que Azazel es el nombre de un demonio que moraba en el desierto (“Diccionario bíblico del intérprete” 1:326). El macho cabrío de Azazel simboliza a Satanás, quien es el principal responsable de los pecados de la humanidad (v. 22) debido al engaño en que la ha hecho caer.

El simbolismo del macho cabrío vivo hace un paralelo con el castigo que se le aplicará a Satanás y sus demonios, a quienes Dios quitará de en medio antes de que Jesucristo establezca su gobierno sobre todas las naciones. En Apocalipsis 20:1-3 se habla de este acontecimiento.

De esta manera, el diablo y sus demonios que por miles de años han estado incitando a la humanidad a todo tipo de maldad, serán declarados culpables y serán restringidos por completo. La reconciliación total del hombre con Dios no podrá efectuarse hasta que Satanás —la causa de tanto pecado y sufrimiento— sea atado y restringido.

La aplicación actual de esta fiesta

¿Por qué nos dice Dios que ayunemos durante estas 24 horas específicamente?

El ayuno demuestra nuestro deseo de acercarnos a Dios con humildad. El Día de Expiación representa un tiempo futuro durante el cual —con Satanás desterrado y con el mundo devastado por los horribles acontecimientos que conducirán a ese tiempo— la humanidad humillada y arrepentida será por fin reconciliada con Dios.

El ayuno nos ayuda a recordar lo efímera que es nuestra existencia. Sin comida ni agua, pronto moriríamos. El ayuno nos ayuda a darnos cuenta de cuánto necesitamos a Dios como el dador y sustentador de la vida.

La iglesia apostólica celebraba el Día de Expiación. Más de 30 años después de la muerte y resurrección de Jesucristo, Lucas aún hacía referencia a los tiempos y las sazones en relación con las fiestas de Dios. En cierta ocasión escribió: “Siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno. . .” (Hechos 27:9). “El ayuno” es una referencia inequívoca al Día de Expiación, y así se reconoce en casi todos los comentarios y diccionarios bíblicos.

Debido al sacrificio de Cristo tenemos acceso al verdadero propiciatorio: el trono mismo de nuestro amoroso y misericordioso Creador.

Esto fue mostrado en forma dramática y milagrosa cuando, al momento en que murió Jesús, “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”

(Mateo 27:51; Marcos 15:38). Cuando se partió este gigantesco telón que cubría la entrada al Lugar Santísimo, fue un tremendo testimonio del acceso que ahora tenemos al trono de Dios.

El Día de Expiación representa la reconciliación amorosa que tenemos con Dios, la cual es posible sólo por medio del sacrificio de Cristo. También nos muestra la extraordinaria verdad de que Satanás, el autor del pecado, finalmente será atado y quitado de en medio, de manera que toda la humanidad pueda por fin alcanzar la reconciliación con Dios.

LA PURIFICACION DE LA IGLESIA

En el plan Eterno de Dios, la iglesia no tiene pecado. Pero ¿qué hay de la iglesia hoy? ¿De qué manera Cristo perfeccionará a la iglesia? Él lo haría por el lavamiento del agua en la palabra: el réma.

El agua alude a la vida. Tipifica la vida liberada mediante el aspecto no redentor de la muerte de Cristo. Cristo está usando Su vida en Su palabra, Su réma, para purificarnos.

El defecto de la iglesia no consiste en haber recibido un Cristo demasiado pequeño, sino en tener demasiadas cosas que no son Cristo mismo.

Cada uno de nosotros, los que pertenecemos verdaderamente a Cristo, tenemos cierta porción que es única y totalmente Cristo mismo. A parte de esta porción, seguimos teniendo muchas cosas que no son Cristo. Debido a estas cosas extrañas debemos ser purificados.

En Génesis 2, Eva no necesitaba ser purificada, pero si consideramos que ahora nosotros no necesitamos purificación, nos estamos engañando.

A menudo no sabemos en qué aspecto debemos ser purificados. Pero un día la vida que está en nosotros no nos dejará en paz, incomodándonos al respecto. Poco después su Réma entra en nosotros y nos muestra lo que debemos pasar por la purificación.

Todo el asunto de nuestro crecimiento y progreso depende de nuestra actitud hacia la vida y el Réma. La vida natural y todo lo que no viene de Cristo debe ser depurado. La santificación puede venir únicamente después de la purificación, y la base de la purificación es la Palabra del Señor, el Réma.

La palabra que el Señor nos habla nos permite alcanzar el propósito eterno de Dios. La iglesia que es conforme a la voluntad de Dios y la iglesia en su estado actual (caída) son dos cosas totalmente distintas.

Debemos recordar que el conocimiento es una cosa y otra cosa bastante diferente es la estatura espiritual. Toda doctrina, enseñanza, teología y conocimiento es de poca utilidad si solo fluye de una persona a otra.

El verdadero crecimiento depende de que recibamos la palabra directamente del Señor, Dios usa su Réma para llevar a cabo su obra.

¿Cómo podemos estar satisfechos con el conocimiento y las doctrinas mientras la iglesia se encuentra en una condición caída, cuando ha faltado a Dios y está ciega con respecto a su voluntad?

Si hacemos algo simplemente porque los demás nos piden hacerlo, estamos observando la ley, y no estamos en el Nuevo Testamento. Una persona de mente clara puede dividir el libro de Romanos en secciones, tales como “salvación”, “justificación”, etc. Pero en su interior, hay una gran deficiencia: Dios no le ha hablado. Un hombre puede tener conocimiento y al mismo tiempo no tener la palabra de Dios (Réma).

Muchas personas piensan que conocer las Escrituras y entender las doctrinas constituye la espiritualidad. ¡No es cierto! Debemos distinguir entre lo muerto y lo vivo, entre el simple conocimiento y lo espiritual.

LA IGLESIA GLORIOSA

¿Cuál es el propósito de Dios en Su obra de purificación y santificación? Consiste en que un día ¡él se presente así mismo una iglesia gloriosa! (Efesios 5:27). En el idioma original significa que la iglesia es introducida en la gloria.

Esta iglesia Gloriosa no tendrá mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que será santa y sin defecto (Efesios 5:27). Cuando una persona empieza a tener arrugas, significa que envejece. El Señor quiere llevar a la iglesia a la etapa donde no hay nada viejo, nada del pasado.

Los cristianos que nunca han recibido la revelación directa están atrasando la obra de Dios.

LA OBRA Y RESPONSABILIDAD DE LA IGLESIA DELANTE DE DIOS

Cuando leemos en Efesios 6:10-12, nos damos cuenta de que la obra y la responsabilidad de la iglesia constituyen una guerra espiritual. En los versículos 13-14 la Escritura nos dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podaís resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad pues firmes”.

Debemos estar firmes, y no atacar. La guerra espiritual es defensiva; no es ofensiva porque el Señor Jesús ya peleó la batalla y ganó la victoria. La obra de la iglesia en la tierra consiste simplemente en mantener la victoria del Señor.

No se necesita atacar; estar firmes es suficiente. El punto de partida de la guerra espiritual consiste en mantenernos firmes sobre la victoria de Cristo; es decir Cristo ya venció. La guerra espiritual es el conflicto entre la autoridad de Dios y el poder de Satanás.

Mateo 12:28 ¿Qué es el Reino de Dios? Es el derrocamiento del poder de Satanás por medio del poder de Dios. Donde el diablo ha sido echado, donde la obra del enemigo ha sido desplazada por el poder de Dios, su Reino está ahí, es decir creamos el ambiente propicio para que éste (su Reino) se manifieste, en esencia su Reino está allí. Apocalipsis 12:9-10 Cada vez que Satanás  abandona un lugar, es porque el Reino de Dios está allí.

Cuando los fariseos preguntaron cuando había de venir el Reino de Dios, el Señor Jesús les contestó: “El Reino de Dios no vendrá de modo, que pueda observarse, ni dirán: helo allí; porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros” Lucas 17:20-21.

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Cuando Él estaba allí, Satanás no podía estar allí. En Lucas 4 vemos a un hombre poseído por un demonio. ¿Cómo reaccionó el demonio cuando vio al Señor? Dondequiera que esté el Señor, los demonios no pueden estar allí. La presencia misma del Señor Jesús representa “el Reino de Dios”.

El Señor Jesús representa el Reino de Dios, y la iglesia también representa al Reino de Dios. Lo imprescindible es esto: Dios quiere que la iglesia represente a su Reino. La obra de la iglesia en la Tierra consiste en traer el Reino de Dios.

Mateo 6:9-10 Si la venida del Reino de Dios fuera automática el Señor jamás nos hubiera enseñado a orar así. Pero el Señor nos ordenó que orásemos de esta manera, lo cual indica simplemente que Él nos mostró que ésta es la obra de la iglesia. Si la iglesia debe predicar el evangelio, pero aún más, la iglesia debe orar para traer el Reino de Dios. Dios necesita que la iglesia trabaje con Él. Mediante la oración, la iglesia debe liberar el poder del Reino de Dios sobre la Tierra.

¿Qué clase de vivir debemos mantener para cumplir esta tarea? Debemos confesar todos nuestros pecados e iniquidades, debemos congregarnos incondicionalmente a Dios, y debemos poner fin a nuestra vida anímica (almática, emocional) y a nuestra vida natural.

El “Yo” no puede resistir a Satanás. ¡EL “Yo” debe irse! Cada vez que el “Yo” desaparece, entra el Señor Jesús. Cada vez que el “Yo” entra hay fracaso. Cada vez que el Señor entra, hay victoria. Los dardos encendidos de Satanás pueden entrar en nuestra carne, pero, alabado sea Dios, podemos vestirnos con Cristo, quien ha ganado la victoria.

Como cuerpo de Cristo, debemos aprender a trabajar juntamente con Dios, No deberíamos imaginarnos que ser salvos es suficiente.

La caída del hombre tiene dos consecuencias: la primera es el problema de la responsabilidad moral del hombre, la otra es la usurpación de la autoridad en la Tierra por parte de Satanás. Por una parte el hombre perdió algo, pero por otra, Dios también sufrió pérdida. La pérdida de Dios no puede ser restaurada mediante la redención; puede ser restaurada solamente por Él.

El propósito directo de la redención concierne al hombre, mientras que el propósito directo del Reino consiste en acabar con Satanás. La redención ha ganado lo que el hombre perdió; el Reino destruirá lo que Satanás ganó.

El hombre recibió originalmente la responsabilidad de derrocar la autoridad de Satanás, pero el hombre cayó, dejándole a Satanás la autoridad. El hombre mismo vino a estar sujeto a él. Satanás se convirtió en el hombre fuerte (Mateo 12:29). Esta situación exige que el Reino lo derrote, es decir la iglesia, nosotros. Si el Reino no existiera, entonces la obra de Satanás no podría ser derribada debido a la caída del hombre.

El cielo nuevo y la tierra nueva no aparecieron inmediatamente después de que se cumplió la redención porque el problema de Satanás todavía no se ha solucionado. Antes del advenimiento del cielo nuevo y la tierra nueva, primero debe venir el Reino (apocalipsis 11:15). El Reino conecta con la eternidad (apocalipsis 21, 22).

Isaías 65 describe el Reino como el cielo nuevo y la tierra nueva. Esto significa que Isaías veía el Reino como la introducción al cielo nuevo y la tierra nueva. ¿Por qué hemos sido salvos? ¿Sólo para no ir al infierno? No, esto no es el centro. ¿Por qué, pues, nos quiere salvar Cristo? Podemos responder a esta pregunta desde perspectivas diferentes: desde el punto de vista del hombre y desde la perspectiva de Dios.

En su obra redentora el Señor Jesús destruyó todo el terreno legal del diablo. Todo el reinado legal de Satanás fue llevado a su fin mediante la redención. La redención fue la sentencia por la cual Satanás fue desprovisto de su posición legal. Ahora la iglesia tiene la responsabilidad de ejecutar esta sentencia. Nuestra responsabilidad es doble. Por una parte, debemos conducir a la gente del mundo a la salvación, y por otra, debemos estar firmes para el Reino.

El Reino de Dios es la esfera en la cual Dios ejerce Su autoridad. Debemos tener este Reino entre nosotros (creando un ambiente propicio espiritualmente hasta que sea establecido en toda la Tierra).

Dios debe tener Su autoridad, su poder y Su gloria entre nosotros. No debemos buscar solamente vivir delante de Dios conforme a Efesios 5, sino que también debemos proceder de acuerdo con la responsabilidad que Efesios 6 nos revela. Entonces tendremos no solamente una iglesia gloriosa, santa y sin mancha, sino que también seremos los que habrán cooperado con Dios para traer Su Reino y hacer que Satanás sufra pérdida en esta Tierra.

Pastor Israel Chapa.

27/08/2015 20:54

CASOS DE REBELIÓN

LA CAIDA DE ADAN Y EVA  Génesis 2.16-17

Después que Dios creó a Adán, le dio algunas órdenes; entre éstas estaba la de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. El quid de esto era más que la mera prohibición de comer de cierto fruto; más bien era que Dios estaba poniendo a Adán bajo autoridad para que aprendiera la obediencia. Por una parte, Dios puso a todas las criaturas de la tierra bajo la autoridad de Adán para que éste tuviera dominio sobre ellas; pero por otra parte, Dios puso al mismo Adán bajo su autoridad para que éste obedeciera a la autoridad. Solamente el que se sujeta a la autoridad puede ser autoridad.

Según el orden de la creación de Dios, él hizo a Adán antes que a Eva. A Adán le dio autoridad y a Eva la puso bajo la autoridad de Adán. Dios puso a estos dos: al uno como autoridad y a la otra para estar sujeta. Tanto en la vieja creación como en la nueva, este orden de prioridades es la base de la autoridad. Quien fue creado primero debe ser la autoridad; quien fue salvo primero debe serlo igualmente. Por consiguiente, a donde quiera que vayamos, nuestro primer pensamiento debe ser averiguar quiénes son las personas a las cuales Dios quiere que nos sometamos.

La caída del hombre se debió a la desobediencia a la autoridad de Dios. En vez de obedecer a Adán, Eva tomó su propia decisión al ver que el fruto era bueno y agradable a los ojos.

Descubrió su cabeza. El hecho de que comiera del fruto no se originó en la sumisión sino en su propia voluntad. No sólo violó la orden de Dios, sino que también desobedeció a Adán.

Rebelarse contra la autoridad que representa a Dios es lo mismo que rebelarse contra Dios. Al escuchar a Eva y comer del fruto prohibido, Adán pecó directamente contra la voluntad de Dios; por lo tanto, él también fue desobediente a la autoridad de Dios. Esto también fue rebelión.

ADAN Y EVA

Toda obra debe hacerse en obediencia

La acción de Eva, sin embargo, no fue gobernada por la obediencia; fue iniciada por su propia voluntad. Ella no se sujetó al orden de Dios ni obedeció a su autoridad. En cambio, tomó su propia decisión. Se rebeló contra Dios y cayó. Toda acción que es deficiente en la obediencia es una caída, y todo acto de desobediencia es rebelión.

A medida que se acrecienta la obediencia del hombre, se reducen sus propias acciones. Al principio, cuando comenzamos a seguir al Señor, estamos llenos de actividad pero somos muy poco obedientes. Pero a medida que crecemos en espiritualidad, nuestras propias acciones se reducen gradualmente hasta que obedecemos en todo. Muchos, sin embargo, hacen lo que quieren y rehúsan hacer lo que no les gusta. Jamás reflexionan si acaso actúan obedientemente o no. Por eso muchas obras se hacen por el yo y no en obediencia a Dios.

Lo bueno y lo malo está en las manos de Dios

Las acciones del hombre no deben ser gobernadas por el conocimiento del bien y del mal; deben ser motivadas por un sentido de obediencia. El principio del bien y del mal consiste en vivir según lo bueno y lo malo.

Adán y Eva descubrieron una fuente de bien y de mal en algo diferente de Dios. Por consiguiente, después de la caída los hombres no necesitan hallar en Dios el sentido del bien y del mal. Lo tienen en sí mismos. Esto es el resultado de la caída. La obra de la redención consiste en llevarnos de vuelta adonde ahora hallaremos nuestro bien y mal en Dios.

Los cristianos deben obedecer a la autoridad

No hay autoridad sino de parte de Dios; todas las autoridades han sido instituidas por él. Al hacer una investigación en todas las autoridades hasta llegar a su origen, invariablemente terminaremos en Dios. Dios está por encima de todas las autoridades Y todas ellas están bajo él. Al entrar en contacto con la autoridad, entramos en contacto con Dios mismo.

Básicamente, la obra de Dios no es hecha por el poder sino por la autoridad. El sustenta todas las cosas por la poderosa palabra de su autoridad, así como las creó por la misma palabra. Su palabra de mandato es autoridad (Mateo 8.10).

Entrar en contacto con la autoridad de Dios es lo mismo que tener un encuentro con él. Hoy día el universo está lleno de autoridades establecidas por Dios. Todas las leyes del universo han sido instituidas por Dios. Todo está bajo su autoridad. Cada vez que una persona peca contra la autoridad de Dios, peca contra Dios mismo. Todos los creyentes deben, por lo tanto, aprender a obedecer a la autoridad.

 

 

 

La primera lección que debe aprender un obrero es la obediencia a la autoridad

Estamos bajo la autoridad de los hombres así como tenemos hombres bajo nuestra autoridad. Esta es nuestra posición. Hasta el Señor Jesús, cuando estaba en la tierra, se sometió, no solamente a Dios, sino también a la autoridad de otra persona. La autoridad está por todas partes. Existe en la escuela; en el hogar. El policía de la esquina, aunque tal vez sea menos instruido que usted, ha sido establecido por Dios como autoridad sobre usted. Cada vez que se reúnen algunos hermanos en Cristo se establece de inmediato un orden espiritual.

No debemos ocuparnos en lo correcto o incorrecto, en el bien o el mal; más bien debemos saber quién es la autoridad que está sobre nosotros. Una vez que sabemos a quién debemos sujetarnos descubrimos, naturalmente, nuestro lugar en el cuerpo de Cristo. ¡Ah! ¡Cuántos creyentes no tienen hoy la menor idea con respecto a la sumisión!

No es de extrañarse que haya tanta confusión y desorden. Por esta razón, la obediencia a la autoridad es la primera lección que debe aprender un obrero; y también ocupa ella un lugar importante en la obra misma.

Se debe recobrar la obediencia

Desde la caída de Adán, el desorden ha prevalecido en el universo. Cada cual cree que puede distinguir entre el bien y el mal y juzgar sobre lo correcto e incorrecto. A cada cual le parece que sabe más que Dios. Esta es la insensatez de la caída.

Necesitamos ser librados de tal engaño, porque esto no es otra cosa que rebelión.

LA AUTORIDAD ESPIRITUAL

Nuestro conocimiento de la obediencia es deplorablemente inadecuado. Hay quienes creen que su obediencia es completa cuando obedecen al señor en el bautismo. Muchos estudiantes jóvenes consideran como trato riguroso el mandamiento divino de obedecer a sus maestros. Muchas esposas consideran muy cruel el mandamiento de Dios de someterse a maridos difíciles.

Innumerables creyentes viven hoy en un estado de rebelión; no han llegado todavía a aprender la primera lección de la obediencia.

La sumisión que enseña la Biblia tiene que ver con el someterse a las autoridades establecidas por Dios. ¡Qué superficial era la antigua presentación de la obediencia! La obediencia es un principio fundamental. Si queda sin solución este asunto de la autoridad, nada más se podrá resolver. Así como la fe es el principio por el cual obtenemos la vida, así también la obediencia es el principio por el cual vivimos esa vida. Las divisiones y desórdenes que ocurren actualmente dentro de la iglesia provienen de la rebelión.

Líder.Para recobrar la autoridad, es preciso restaurar primeramente la obediencia. Muchos han cultivado el hábito de ser la cabeza, no obstante no haber conocido jamás la obediencia. Debemos, por lo tanto, aprender una lección. Que la obediencia sea nuestra primera reacción. Dios no nos ha retenido nada con respecto a la autoridad. Ya nos ha mostrado cómo debemos someternos a la autoridad directa así como a la indirecta. Muchos aparentan saber obedecer a Dios; pero en realidad no saben nada en cuanto a obedecer a la autoridad delegada de Dios. Dado que todas las autoridades proceden de Dios, debemos aprender a obedecerlas a todas. Los problemas que enfrentamos en nuestros días se deben a hombres que viven al margen de la autoridad de Dios.

No hay unidad del cuerpo sin autoridad de la Cabeza

Dios está ocupado en recobrar la unidad del cuerpo. Pero para lograr esto, debe existir primero la vida de la Cabeza, seguida luego por la autoridad de esta Cabeza. Sin la vida de la Cabeza, no puede haber cuerpo. Sin la autoridad de la Cabeza, no puede haber unidad en el cuerpo.

Dios quiere que obedezcamos a sus autoridades delegadas tanto como a él. Todos los miembros del cuerpo deben someterse unos a otros. Cuando así ocurre, el cuerpo es uno consigo mismo y con la Cabeza. Cuando prevalece la autoridad de la Cabeza, se cumple la voluntad de Dios. De esta manera sí que la iglesia llega a ser el reino de Dios.

Algunas lecciones sobre la obediencia

Tarde o temprano, los que sirven a Dios deben tener un encuentro con la autoridad en el universo, en la sociedad, en el hogar, en la iglesia. ¿Cómo puede uno servir y obedecer a Dios si jamás ha tenido un encuentro con la autoridad de Dios?

Esto es más que un simple asunto de enseñanza o doctrina, porque una enseñanza puede ser abstracta. Algunos creen que es muy difícil saber obedecer a la autoridad; pero si hemos tenido un encuentro con Dios, la dificultad desaparece. No hay nadie que obedezca a la autoridad de Dios sin que la misericordia de Dios descanse sobre él. Aprendamos, por lo tanto, algunas lecciones:

  1. Tengamos un espíritu de obediencia.
  2. Practiquemos la obediencia. Algunas personas son como los salvajes que simplemente no pueden obedecer. Pero los que se han ejercitado en la obediencia no se sienten obligados, sea cual fuere el lugar en que se les ponga. Con toda naturalidad pueden vivir una vida obediente
  3. Aprendamos a ejercer la autoridad delegada. El que trabaja para Dios necesita, no solamente aprender a obedecer a la autoridad, sino también aprender a ser la autoridad delegada de Dios en la iglesia y en el hogar. Una vez que hayamos aprendido a estar bajo la autoridad de Dios, nos estimaremos como nada, incluso después que Dios nos confíe mucho.

Algunos aprenden solamente la obediencia, Y no saben ejercer la autoridad cuando se los envía a trabajar en algún lugar. Es necesario aprender a estar bajo autoridad como así también a ejercerla. La iglesia sufre por causa de muchos que no saben obedecer; pero es igualmente perjudicada por causa de algunos que no han aprendido a estar en autoridad.

El fracaso de la autoridad delegada pone a prueba la obediencia

En el huerto del Edén, Adán cayó. En la viña, Noé también fue derrotado; pero por causa de la justicia de Noé, Dios salvó a su familia. En el plan de Dios, Noé era la cabeza de la familia. Dios puso a toda la familia bajo la autoridad de Noé, y también puso a Noé por cabeza del mundo de aquel tiempo.

Pero un día, Noé se embriagó en su viña y quedó descubierto en medio de su tienda. Cam, su hijo menor, vio la desnudez de su padre y se lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. En lo que a la conducta de Noé respectaba, ciertamente él actuó mal; no debió haberse embriagado. Pero Cam no vio la dignidad de la autoridad. El padre es la autoridad instituida de Dios en el hogar; pero la carne se deleita en ver un defecto en la autoridad con el fin de eludir toda restricción. Cuando Cam vio la conducta impropia de su padre, no tuvo ni el más leve sentimiento de vergüenza o pesar, ni procuró tampoco encubrir la falta de su padre. Esto revela que Cam tenía un espíritu rebelde.

Más bien, salió y habló con sus hermanos, señalándoles la fealdad de su padre y añadiendo así sobre sí mismo el pecado de la injuria. Notemos, sin embargo, cómo manejaron Sem y Jafet la situación. Ellos entraron en la tienda caminando para atrás, evitando así ver la desnudez de su padre, y lo cubrieron con la ropa que se habían puesto sobre sus hombros.

Se ve, pues, que la falta de Noé fue una prueba para Sem, Cam, Jafet y Canaán, el hijo de Cam. Ella reveló quién era obediente y quién, rebelde. La caída de Noé reveló la rebelión de Cam.

Después de que Noé despertara de su embriaguez, profetizó que los descendientes de Cam serían malditos y que vendrían a ser siervos de los siervos de sus hermanos (Génesis. 9.20-27).

El primero que en la Biblia llegó a ser esclavo fue Cam. Tres veces se pronunció la sentencia de que Canaán sería esclavo. Esto quiere decir que el que no se somete a la autoridad será esclavo del que sí la obedece. Sem sería bendito. Hasta nuestro Señor Jesucristo descendió de Sem.

Jafet fue destinado a predicar a Cristo, y así es como las naciones que hoy difunden el evangelio pertenecen a los descendientes de Jafet.

El primero en ser maldito después del diluvio fue Cam. Como no conoció la autoridad, fue puesto bajo autoridad durante las generaciones futuras.

Todos los que desean servir al Señor necesitan tener un encuentro con la autoridad. Nadie puede servir en el espíritu de anarquía.

Por qué fueron quemados Nadab y Abiú

¡Cómo da que pensar la historia de Nadab y Abiú! Ellos servían como sacerdotes, pero no porque fueran personalmente rectos sino porque pertenecían a la familia que Dios había escogido. Dios había puesto a Aarón por sacerdote y el aceite de la unción había sido derramado sobre su cabeza.

En todos los asuntos del servicio, Aarón era el jefe; sus hijos eran simples ayudantes que servían junto al altar obedeciendo órdenes de su padre. Dios nunca tuvo la intención de dejar que los hijos de Aarón sirvieran independientemente, sino que los puso bajo la autoridad de su padre. Doce veces se menciona a Aarón y a sus hijos en Levítico 8.

En el capítulo siguiente vemos que Aarón ofreció sacrificios, con sus hijos ayudándole a su lado. Si Aarón no hacia ningún movimiento, sus hijos tampoco debían moverse.

TODO COMENZABA CON AARÓN, NO CON SUS HIJOS.

Si ellos se aventuraran a ofrecer sacrificios por sí mismos, ofrecerían fuego extraño. Fue precisamente esto, sin embargo, lo que hicieron Nadab y Abiú, hijos de Aarón. Ellos creían que podían ofrecer sacrificios por sí mismos; así que los ofrecieron sin que Aarón se los ordenara. Fuego extraño significa servir sin haber recibido órdenes, servir sin obedecer a la autoridad. Nadab y Abiú habían visto a su padre ofrecer sacrificios; para ellos, esto era muy sencillo. Así que supusieron que podían hacer lo mismo. En lo único que pensaron fue en si eran capaces o no de hacer lo mismo. No vieron al que representaba la autoridad de Dios (Levítico 10.1-2).

La obra de Dios es la coordinación de la autoridad

Nadab y Abiú actuaron aparte de Aarón; en consecuencia, actuaron independientemente de Dios. La obra de Dios debía coordinarse bajo la autoridad: Dios quería que Nadab y Abiú sirvieran bajo la autoridad de Aarón, Notemos en el Nuevo Testamento cómo Bernabé Y Pablo, Pablo Y Timoteo, Y Pedro y Marcos trabajaron juntos. Algunos tenían responsabilidades mientras otros ayudaban. En su obra Dios pone a algunos para estar en autoridad junto con otros que deben estar bajo autoridad. Dios nos llamó a ser sacerdotes según el orden de Melquisedec; por consiguiente, debemos servir a Dios según el orden de la autoridad coordinada.

El que desordenadamente levanta su cabeza y actúa en forma independiente está en rebeldía, la consecuencia de lo cual es la muerte. Todo aquel que trate de servir sin tener primero un encuentro con la autoridad, ofrece fuego extraño,

Cualquiera que diga “Si él puede, yo también”, está en rebelión. Dios no sólo cuida de ver que haya fuego, sino que también está muy interesado en prestar atención a la naturaleza del fuego. La rebelión cambia la naturaleza de un fuego. Lo que no había sido ordenado por Jehová ni por Aarón era fuego extraño. Lo que Dios busca no es el sacrificio sino mantener la autoridad. Por consiguiente, los hombres deben aprender a ser seguidores, a desempeñar un papel secundario para siempre.

Nadab y Abiú no estaban coordinados con Aarón, por lo cual tampoco estaban coordinados con Dios. No debieron haber dejado a Aarón y servir independientemente. Los que no acataran la autoridad serían consumidos por el fuego que saldría de delante de Dios. Y aunque Aarón no se dio cuenta de la gravedad de este asunto, Moisés sí entendió lo serio que era rebelarse contra la autoridad de Dios. Muchos tratan hoy de servir a Dios en forma independiente. Jamás han estado sujetos a la autoridad y sin saberlo pecan contra la autoridad de Dios.

Al hablar contra la autoridad representativa se incurre en la ira divina

Aarón y María eran hermanos mayores de Moisés. En consecuencia, Moisés debía estar sujeto a la autoridad de ellos en el hogar. Pero en el llamamiento y obra de Dios, ellos debían someterse a la autoridad de Moisés. Aarón y María no estaban contentos con la mujer etíope con la cual se había casado Moisés; así que hablaron contra él, diciendo: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” Un etíope es un africano, un descendiente de Cam. Moisés no debió haberse casado con esta mujer etíope.

Como hermana mayor, María podía reprender a su hermano en base a su relación familiar. Pero cuando abrió su boca para denigrar a su hermano aludió a la obra de Dios, objetando así la posición de Moisés.

Dios había encomendado su autoridad delegada en la obra a Moisés. ¡Qué malo fue que Aarón y María atacaran la posición de Moisés en base a un problema familiar! No obstante despreciar María a su hermano, era Dios quien había escogido a Moisés para sacar al pueblo de Israel de Egipto. Por eso Dios estaba sumamente disgustado con ella. María podía tratar con su hermano; pero no podía injuriar a la autoridad de Dios. El problema consistió en que ni Aarón ni María reconocieron la autoridad de Dios.

Al basarse en un fundamento puramente natural, concibieron un corazón rebelde. Pero Moisés no protestó. Sabía que si Dios lo había levantado para ser la autoridad, no necesitaba defenderse.

Todos los que lo injuriaran hallarían la muerte. Puesto que Dios le había dado autoridad, podía guardar silencio. Un león no necesita protección, ya que tiene consigo plena autoridad. Moisés podía representar a Dios en la autoridad porque se había sometido primeramente a la autoridad de Dios, pues era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la faz de la tierra. La autoridad que Moisés representaba era la de Dios y nadie puede quitar la autoridad que Dios ha dado.

La autoridad es opción de Dios, no logro del hombre

Dios citó a los tres al tabernáculo de reunión. Aarón y María fueron sin vacilar, porque creían que Dios debía estar de parte de ellos y también porque tenían mucho que decirle a Dios, puesto que Moisés había causado todos estos disturbios en la familia por haberse casado con una mujer etíope. Pero Dios proclamó que Moisés era su siervo, quien era fiel en toda su casa. ¿Cómo se atrevían a hablar contra su siervo? La autoridad espiritual no es algo que uno logra por sus propios esfuerzos. Es dada por Dios a quien él escoge. ¡Qué diferente es lo espiritual de lo natural!

Dios mismo es la autoridad. Guardémonos de ofender. Todo aquel que habla contra Moisés habla contra el escogido de Dios. Jamás despreciemos al vaso escogido de Dios (Números 12).

líderAdemás de la autoridad directa, debemos someternos a la autoridad representativa

Muchos se consideran personas obedientes a Dios cuando en realidad no saben nada de someterse a la autoridad delegada de Dios. El que de veras es obediente verá la autoridad de Dios en toda circunstancia, en el hogar y en otras instituciones.

Dios preguntó: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” Debe prestarse especial atención cada vez que se profieren palabras injuriosas. Tales palabras no debieran hablarse ociosamente. La injuria prueba que dentro de uno hay un espíritu rebelde, el cual es el germen de la rebelión. Debemos temer a Dios y no hablar descuidadamente.

Pero hoy hay quienes hablan contra los ancianos de la iglesia u otras personas que están sobre ellos y no se dan cuenta de la gravedad de hablar así.

Rebelión colectiva

Un ejemplo de rebelión colectiva se registra en el capítulo 16 del libro de Números. Coré y su compañía pertenecía a los levitas; por consiguiente, representaban a los individuos espirituales. Por otra parte, Datán y Abiram eran hijos de Rubén y, por tanto, representaban a los dirigentes. Todos éstos, junto con 250 dirigentes de la congregación, se reunieron para rebelarse contra Moisés y Aarón. Arbitrariamente atacaron a ambos, diciendo: “¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?” (Versículo 3).

Fueron irrespetuosos con Moisés y Aarón. Puede que hayan sido muy honestos en lo que decían, pero les faltó ver la autoridad del Señor. Ellos consideraron este asunto como un problema personal, como si no hubiera autoridad entre el pueblo de Dios. En su ataque no mencionaron la relación de Moisés con Dios ni el mandamiento de Dios.

No obstante, aún bajo estas graves acusaciones, Moisés no se enojó ni perdió la paciencia. Simplemente se postró sobre su rostro delante del Señor. Puesto que la autoridad pertenece al Señor, él no usaría ninguna autoridad ni haría nada por sí mismo. Así pues, Moisés les dijo a Coré y a su séquito que esperaran hasta el día siguiente, cuando el Señor mostraría quién era suyo y quién era santo. Así contestó al mal carácter con un buen espíritu.

Lo que Coré y su séquito dijeron estaba basado en la razón y la conjetura. Sin embargo, Moisés contestó: “Jehová mostrará quién es suyo y quién es santo, y hará que se acerque a él” (Versículo 5). La disputa no era con Moisés, sino con el Señor. EI pueblo creía que sencillamente se oponía a Moisés y a Aarón; no tenían ni la más leve intención de ser rebeldes a Dios, pues todavía deseaban servirle. Simplemente desdeñaban a Moisés y a Aarón.

Pero Dios y su autoridad delegada son inseparables. No es posible mantener una actitud hacia Dios y otra hacia Moisés y Aarón. Nadie puede rechazar la autoridad delegada de Dios con una mano y recibir a Dios con la otra. Si quisieran someterse a la autoridad de Moisés y Aarón, entonces sí estarían bajo la autoridad de Dios.

Moisés, sin embargo, no se exaltó por causa de la autoridad que Dios le había dado. Al contrario, se humilló bajo la autoridad de Dios y contestó a su acusador con mansedumbre, diciéndole:

“Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito, y poned fuego en ellos, y poned en ellos incienso delante de Jehová mañana; y el varón a quien Jehová escogiere, aquel será el santo” (versículos 6-7). Siendo Moisés más maduro, previó las consecuencias; así que, suspirando, dijo:

“Oíd ahora, hijos de Leví: ¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de la congregación para ministrarles?.. Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová” (versículos 7-11).

Datan y Abiram no estaban presentes en ese momento, porque cuando Moisés envió a llamarles rehusaron venir; pero se quejaron, diciendo: “¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel (Egipto), para hacernos morir en este desierto. . .?  ¿Sacarás los ojos de estos hombres?” (Versículos 13-14). Su actitud era muy rebelde. No creían en las promesas de Dios; lo que buscaban era la bendición terrenal. Olvidaron que era por su propia falta que no habían entrado en Canaán; en cambio, hablaron rudamente contra Moisés.

Dios eliminó la rebelión de su pueblo

En este momento se encendió la ira de Moisés. En vez de hablarles, oró a Dios. ¡Cuántas veces la rebelión del hombre fuerza la mano judicial de Dios! Diez veces los israelitas habían tentado a Dios y cinco veces le habían desobedecido, Y Dios tuvo paciencia y los perdonó; pero Dios juzgó esta rebelión diciendo: “Apartaos de entre esta congregación, y los consumiré en un momento” (véase el versículo 21). El destruiría la rebelión de entre su pueblo. Pero Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros y oraron, diciendo: “¿No es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación?” (Versículo 22).

Dios contestó la oración de ellos; pero juzgó a Coré y a su séquito. La autoridad que Dios había instituido era la persona a quien Israel debía escuchar. Hasta Dios mismo dio testimonio ante los israelitas de que él también aceptaba las palabras de Moisés.

la_alegria_de_la_rebelionLa rebelión es un principio infernal. Como esta gente se rebeló, se abrió la puerta del Seol. La tierra abrió su boca y tragó a todos los hombres del séquito de Coré, Datán y Abiram y a todos sus bienes. En consecuencia, ellos y todo lo que les pertenecía descendieron vivos al Seol (versículos 32-33).

Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia; pero un espíritu rebelde puede abrir sus puertas. Una razón por la que a veces la iglesia no prevalece es la presencia de los rebeldes.

La tierra no abrirá su boca a menos que haya un espíritu rebelde. Todos los pecados liberan el poder de la muerte; pero el pecado de rebelión lo hace mucho más. Sólo los obedientes pueden cerrar las puertas del Hades y liberar la vida.

Los obedientes siguen la fe, no la razón

Para los israelitas no era fuera de razón el quejarse de que Moisés no los hubiera traído a una tierra que fluía leche y miel ni les hubiera dado una herencia de campos con viñedos.

Todavía estaban en el desierto y, sin embargo, tenían que entrar a la tierra que destilaba leche y miel. Pero notemos esto: el que anda por la razón y la vista sigue el camino de la razón; sólo el que obedece a la autoridad es el que entra a Canaán por la fe. Nadie que siga la razón podrá andar por la senda espiritual, porque ésta es superior al razonamiento humano.

Solamente los fieles pueden disfrutar de la abundancia espiritual, los que por la fe aceptan la columna de nube y fuego, y la dirección de la autoridad delegada de Dios tal como la que Moisés representaba.

La tierra abre su boca para apresurar la caída de los desobedientes en el Seol, porque ellos van por el camino de la muerte. Los ojos de los desobedientes son muy penetrantes; pero ¡ay! todo lo que ven es la aridez del desierto. Aunque parezcan ciegos los que proceden por la fe, pues no notan la aridez que hay delante de ellos, con los ojos de la fe ven la promesa mejor que tienen por delante. Y así entran a Canaán.

Por lo tanto, los hombres deben estar sujetos a la autoridad de Dios y aprender a ser dirigidos por la autoridad delegada de Dios. Los que solamente se enfrentan con padres, hermanos y hermanas no saben lo que es la autoridad, y consiguientemente no han conocido a Dios.

En resumen, entonces, la autoridad no es un asunto de instrucción externa sino de revelación interna.

La rebelión es contagiosa

Hay dos ejemplos de rebelión en Números 16. Del versículo 1 al 40 se rebelaron los dirigentes; del 41 al 50, toda la congregación.

El espíritu de rebelión es muy contagioso. El juicio de los 250 dirigentes que ofrecieron incienso no trajo ninguna tregua a la congregación. Todavía eran muy rebeldes, afirmando que Moisés había dado muerte a sus dirigentes. ¡Pero Moisés y Aarón no mandaron que la tierra abriera su boca! Fue Dios quien lo ordenó. ¡Moisés no pudo hacer que descendiera fuego y consumiera al pueblo! El fuego vino del señor Dios.

Los ojos humanos solamente ven a los hombres; no saben que la autoridad viene de Dios. Tales personas son tan audaces que no tienen temor, aunque hayan visto el JUIClO. ¡Qué peligroso es el desconocimiento de la autoridad! Cuando toda la congregación se juntó contra Moisés y Aarón, apareció la gloria del Señor. Esto demostró que la autoridad era de Dios. El Señor salió a ejecutar juicio. Comenzó una plaga y murieron 14.700 personas como consecuencia de ella. En medio de todo esto, la espiritualidad de Moisés se encontraba muy elevada; inmediatamente le pidió a Aarón que tomara su incensario y pusiera en él fuego del altar, y sobre él pusiera incienso y lo llevara rápidamente a la congregación para hacer expiación por ellos. Y cuando Aarón se puso entre los muertos y los vivos, cesó la mortandad.

Dios pudo soportar sus murmuraciones en el desierto muchas veces; pero no permitiría que resistieran a su autoridad. Dios puede tolerar y soportar muchos pecados, pero no puede tolerar la rebelión, porque ésta es el principio de la muerte, el principio de Satanás. En consecuencia, el pecado de rebelión es más grave que cualquier otro pecado. Cada vez que el hombre resiste a la autoridad, Dios ejecuta juicio de inmediato. ¡Qué solemne es esto!

LOS DOS ASPECTOS DE LA MUERTE DE CRISTO

Génesis 2:21-23

  • Dios produjo la iglesia por la muerte de Cristo.
  • En cuanto a la muerte de Cristo menciona el relato la palabra sueño profundo. Si hubiese mencionado la palabra muerte, entonces el pecado estaría relacionado, ya que el versículo 17 afirma que el pecado y la muerte están relacionados.
  • El sueño de Adán representa el aspecto de la muerte de Cristo que no está relacionado con la Redención.
  • Éste aspecto no está relacionado con la Redención sino con la Liberación de sí mismo. (Era necesario ser despojado del cuerpo físico para ser aceptado espiritualmente en todos nosotros).
  • A través de esta liberación es creada la iglesia.

LA REDENCIÓN Y EL HECHO DE RECIBIR VIDA SON DOS COSAS DISTINTAS

El sueño de Adán no se produjo con miras a la Redención de Eva, se produjo con miras de que una de sus costillas fuera sacada para la creación de Eva.

Cuando Cristo murió, al igual que en el sueño profundo de Adán, algo ocurrió con su costado (Juan 19:31-37).

Su costado fue traspasado para la Redención, porque esto sucedió después de su muerte.

La obra de Cristo no incluía sólo el derramamiento de su sangre para redimir los pecados, sino también el agua que fluyó de su costado, lo cual tipifica la impartición de su vida en nosotros.

ESTE ASPECTO NO TIENE QUE VER CON EL PECADO NI CON LA REDENCIÓN.

  • La sangre acaba con los pecados.
  • El agua nos hace recibir su vida.

Acerca de la formación de Eva, la sangre no es mencionada, porque en cuanto a la iglesia, Dios no ve ningún pecado en la impartición de su vida.

En Efesios 5:25 (versículo identificado con la iglesia) podemos identificar tres puntos:

  1. Cristo se entregó así mismo por nosotros, porque somos la iglesia. Romanos 5 nos habla de la muerte de Cristo por los pecadores, tiene que ver por tanto con la redención. Efesios 5 dice que se entregó porque somos la iglesia.
  2. Cristo se entregó así mismo por nosotros, porque nos ama y no porque hemos pecado. En cuanto a la iglesia murió por amor.
  3. Cristo se entregó por nosotros para darse a nosotros, y nuestros pecados nada tienen que ver, puesto que él murió ahora llevamos su vida. El mismo se impartió dentro de nosotros.

En otras palabras, dentro de nosotros existe una porción que no tiene ninguna necesidad de redención. Esto, sólo si aceptamos el sacrificio en la cruz y el derramamiento de su sangre en nosotros para ser redimidos.

En las Escrituras Dios usa mujeres para tipificar a la iglesia:

Rebeca La iglesia ofrecida a Cristo
Asenat La iglesia escogida de entre el mundo
Sara La iglesia en el desierto
Acsa La iglesia que hereda
Rut La iglesia redimida
Abigail La iglesia como ejército

 

EL MENSAJE EMITIDO A TRAVÉS DE LA REVELACIÓN DE ESTOS NOMBRES ES: “La iglesia fue escogida de entre el mundo, fue redimida, llevada por el desierto, reclutada para la guerra, hecha heredera y ofrecida a Cristo”.

Nuestros pensamientos deben ser renovados y debemos entrar en lo que Dios considera más importante. Dentro de nosotros hay algo santo.

LO PRIMERO QUE VE DIOS NO ES LA CAÍDA DEL HOMBRE, SINO EL PLAN QUE ÉL PROPUSO DESDE LA ETERNIDAD (Génesis 1:26).

Pastor Israel Chapa

28/08/2015 18:30

EL PROPÓSITO DE DIOS

  • Si nos preguntamos ¿Qué es lo que Dios se proponía al crear al ser humano? Nos daremos cuenta de que la redención del mismo fue un aspecto que no estaba contemplado en el principio de la creación
  • Dios quiere que el hombre reine. Hasta conseguir esto (que reine el género humano) quedará satisfecho (génesis 1:26-27).
  • El propósito de Dios consiste en ganar un grupo de personas parecidas a su hijo (romanos 8:29).
  • En este proceso cambiará el “status” de Unigénito a Primogénito de nuestro Señor Jesucristo.
  • Dios no determinó como algo por sentado la caída ni la redención, sin embargo sabía que podía ocurrir (génesis 3).

 

Trono de DiosIsaías 14:12-15 Dios retiró su autoridad de Satanás, este hecho nos remarca que el hombre debe gobernar en lugar de este querubín caído, esta autoridad debe ser ejercida en la Tierra, ya que es la esfera del hombre, y debe ser gobernada por éste en favor de Dios para evitar el caos y restaurar así la autoridad de Dios en ella (génesis 1:1-2).

Hasta el día de hoy el Señor continúa luchando por la Tierra. El hombre debe restaurar la Tierra y quitarla de manos de Satanás, además debe recuperar el cielo que corresponde a su esfera, es decir el natural (génesis 2:4, apocalipsis 12:7-10)

¿Por qué no es Dios mismo el que venza a Satanás?  ¿Acaso no sería muy fácil para Él poner a Satanás en su lugar?

Recordemos que en Isaías 14:12-15 el pecado de Satanás fue tratar de usurpar la autoridad de Dios haciéndose semejante a Él; si Dios mismo terminara con Satanás estaría dándole en parte la razón al descender de su nivel de Creador y Dios a simple criatura  al acabar con este ser. La criatura debe vencer a la criatura. El hombre debe acabar con Satanás.

 

DOS COSAS DISTINTAS

1.- Salvar almas es en beneficio del hombre, la redención coloca al ser humano en capacidad de poder reconciliarse con Dios y volver al punto de partida de Génesis 1 y 2, para poder ser una herramienta útil en manos de Él para su propósito.

 2.- Vencer a Satanás es en beneficio de Dios ya que como vemos en el capítulo 1 del Génesis ese era su propósito inicial.

Predicar el Evangelio exige un precio, pero, vencer a Satanás desde luego debe tener una exigencia mayor, para ello debemos tener una obediencia total a Dios. Una persona de doble sentir jamás derrotará a Satanás.

LO QUE EVA TIPIFICA

En el principio Dios simbolizó parte de su propósito a través de dos personas que tipifican cosas diferentes.

  • Adán tipifica al Señor Jesús 1ª Corintios 15:4-7; Romanos 5:14.
  • Eva tipifica la iglesia Efesios 5:31-32

Cuando leemos Génesis 2:18 Dios nos hace notar que Eva es una ayuda idónea para Adán, por lo consiguiente la iglesia es la ayuda idónea de nuestro Señor Jesucristo. El propósito que Dios establece para el ser humano es y debe ser compartido tanto por Jesús (Adán) como por la iglesia (Eva). Esta mujer fue planeada por Dios antes de la formación del mundo (apareció antes de la caída).

Y en Efesios 5:22-32 esta mujer también fue planeada antes de la formación del mundo, pero, revelada después de la caída. Si la iglesia no corresponde a Cristo, no se cumplirá el propósito de Dios.

EVA SALIÓ DE ADÁN

Pero, ¿por qué es que al ser creada Eva, en la materia prima de su creación no se usó la Tierra como en el resto de las criaturas?

Si Eva es simbólicamente la figura de la iglesia, deberemos entender que esta ayuda idónea sale de Adán, es decir la iglesia sólo puede salir de Jesús y no de la Tierra (génesis 2:21-23). Lo que procede de Cristo es la iglesia y nada que no provenga de Él puede ser parte de la misma, ya que la iglesia es otra forma de Cristo (Juan 14:3).

Como ejemplo, supongamos que antes de ser redimidos por la sangre del cordero, operábamos bajo un raciocinio alto o una inteligencia sobresaliente, y al formar parte de la iglesia tenemos la creencia de que esto puede incrementar nuestro proceso en la obra de Dios y por lo tanto tenemos una ventaja que los demás no tienen, esto es una suposición errónea, ya que como

 

 

 

aprendimos si esta inteligencia o temperamento o activismo o carácter etc. no proceden de Cristo no pueden ser parte de la Iglesia; para ello deben de pasar por la purificación de la Palabra, deben pasar por la cruz para que puedan al salir de Cristo y ser parte de la Iglesia, sólo así se puede cumplir el propósito de Dios satisfactoriamente.

EL PROPOSITO DE DIOS NO CAMBIA

Dios quería que el hombre gobernara para Él en la tierra, pero el hombre no alcanzó el propósito de Dios. En Génesis 3 se narra la caída del hombre y la entrada del pecado; el hombre vino a estar bajo el poder de Satanás, y todo parecía llegar a su final.

Aparentemente, Satanás salía victorioso y Dios era vencido. Aparte del pasaje en Génesis 1, hay dos porciones de las Escrituras que están relacionadas con este problemas: el salmo 8 y Hebreos 2.

SALMO 8

El salmo 8 muestra que e l propósito y el plan de Dios no han cambiado nunca (que el hombre gobierne para Él).

A pesar de que el salmo 8 fue escrito después de la caída del hombre, el salmista pudo alabar, pues sus ojos seguían puestos en Génesis 1:27-28.

El versículo 1 del salmo 8 dice: “Oh Jehová, Señor nuestro, cuán admirable es tu nombre en toda la tierra”. Aunque algunas personas calumnian y rechazan el nombre del Señor, el salmista proclama en voz alta. La expresión “en toda la tierra” es la misma que en Génesis 1:26.

Dios está usando al hombre para vencer al enemigo. El Señor Jesús citó el versículo  2 en Mateo 21:16 el enemigo puede hacer todo lo que pueda, pero aun así no es necesario que Dios se enfrente con él. Dios usará niños y los que maman para vencerlo.

El deseo de Dios consiste en conseguir hombres capaces de alabar (en todas sus expresiones) los que pueden alabar pueden vencer al enemigo.

En los versículos del 3 al 8, Dios nos permite ver que en cuanto a la tierra todavía puede ser restaurada, y que la posición que Dios dio al hombre aún sigue vigente.

Aunque Adán y Eva habían pecado, no pudieron parar el plan de Dios. El hombre puede caer y pecar, pero no puede desbaratar la voluntad de Dios.

DIOS TODAVIA EXIGE QUE EL HOMBRE DERRIBE EL PODER DE SATANÁS.

Lo que Dios era antes de la caída del hombre, Él lo sigue siendo. La decisión que Él tomó al principio sigue siendo Su decisión hoy en día. Él no ha cambiado nunca, es Inmutable.

 

 

HEBREOS 2

Génesis 1 habla de la voluntad de Dios en la creación; el salmo 8, de la voluntad de Dios después de la caída del hombre; y Hebreos 2, de la voluntad de Dios en la redención.

En los versículos del 5 al 8, todo debe ser sujeto al hombre; Dios lo propuso desde el principio. Pero todavía no ha resultado así. El salmo 8 decía que Dios hizo al hombre un poco inferior a los ángeles, pero el apóstol Pablo cambió la palabra “hombre” por “Jesús”. Él explicó que la palabra hombre alude a Jesús. La redención del hombre viene por Él.

Dios quería que el hombre ejerciera la autoridad por Él para echar a su enemigo de la tierra y del cielo relacionado con la tierra. Pero el hombre cayó y no tomó su lugar para gobernar. Por consiguiente, el Señor Jesús vino y tomó sobre sí un cuerpo de carne y sangre. Él se hizo el postrer Adán 1a corintios 15:45.

El Señor Jesús tuvo entonces dos posiciones:

  • Para Dios era el hombre del principio, el hombre que Dios designó desde el principio mismo.
  • Para el hombre es el salvador.

Lo que determinó en la creación sigue siendo Su propósito después de la caída del hombre. Dios se propuso ganar un grupo de hombres nuevos que tuviesen la imagen y semejanza de Su Hijo. Puesto que el Señor Jesús representa al hombre, el resto será semejante a lo que Él es y entrarán con Él en la gloria de acuerdo al verso 11.

Lo que Dios no consiguió con el primer Adán, lo conseguirá con el postrer Adán, el Cristo.

El hombre no sólo falló en la encomienda de gobernar, sino que fue sometido bajo el poder de Satanás. En Génesis 2 dice que el hombre fue hecho de polvo, y Génesis 3 indica que el polvo fue el alimento de la serpiente.

Debemos observar que el Señor Jesús no vino a este mundo a ser Dios, sino para ser hombre, porque Dios necesitaba un hombre. Si Dios mismo enfrentara a Satanás sería muy fácil. Éste hombre conquistó; este hombre fue victorioso. Él fue glorificado Hebreos 2:9.

Él no vino para recibir la gloria como Dios, sino la gloria como hombre. Nuestro Señor Jesucristo ascendió como hombre, en el futuro habrá muchos hombres allí. Tener dominio equivale a ser glorificado.

Nunca debemos suponer que el propósito de Dios consiste simplemente en salvarnos del lago de fuego para que disfrutemos de las bendiciones de su Reino.

Debemos recordar que Dios desea que el hombre siga a su Hijo en el ejercicio de su Autoridad en la tierra.

 

 

LA RELACIÓN ENTRE LA REDENCIÓN Y LA CREACIÓN

El deseo del corazón de Dios es expresado en la creación. La redención recobra lo que Dios no consiguió por medio de la creación.

REDIMIR SIGNIFICA RESTAURA Y RECOBRAR; CREAR SIGNIFICA DETERMINAR E INICIAR.

La Redención está relacionada con nosotros; nos beneficia al salvarnos y al traernos vida eterna. Pero la creación está relacionada con Dios y con la obra de Dios.

Nuestra predicación del evangelio debería llevarse a cabo con miras a devolver la tierra a Dios. Debemos exhibir el triunfo de Cristo sobre el reino de Satanás.

La voluntad de Dios desde la eternidad hasta la eternidad es una línea recta. La caída del hombre lo desvío en picada, la redención nos vuelve a impulsar hacia arriba y, si seguimos subiendo un día volveremos a tocar esa línea recta que es su voluntad. Cuando se toque de nuevo esa línea vendrá el día del Reino.

La comisión de la iglesia es doble:

  • Testificar de Su triunfo, el propósito de la iglesia es traerle beneficios al hombre.
  • Por otra parte, consiste en hacer que Satanás sufra pérdida.

EL DESCANSO DE DIOS

Dios realizó toda Su obra durante los seis días con este propósito. Su verdadera meta era crear al hombre, para hacerlo, Dios primeramente tenía que recuperar la tierra y los cielos arruinados. (Génesis 2:24) La expresión “los cielos y la tierra” alude a la creación en el principio. Pero la segunda parte “la tierra y los cielos” se refiere a su obra de recuperación y restauración.

El descanso viene después del trabajo. ¡Dios no reposó durante los primeros seis días, pero si lo hizo el! Séptimo día. Su reposo revela que Dios realizó el deseo de su corazón. Él hizo algo que le complacía.

¡Todo el anhelo de Dios se centraba en el! Hombre. Cuando Dios ganó un hombre, estuvo satisfecho y descansó.

 

 

PARA SEGUIR UNA SECUENCIA DE ESTA ENSEÑANZA CONSULTA TAMBIEN EL TEMA “LOS DOS ASPECTOS DE LA MUERTE DE CRISTO”.

AUTORIDAD ESPIRITUAL

LA IMPORTANCIA DE LA AUTORIDAD 

Romanos 13.1-7

El trono de Dios se fundamenta en la autoridad

Los hechos de Dios proceden de su trono y éste se fundamenta en su autoridad. Todas las cosas son creadas por la autoridad de Dios y todas las leyes físicas del universo se mantienen por esta misma autoridad. Por esto la Biblia se refiere a ello expresando que Dios “sustenta todas las cosas con la palabra-de su poder”, lo que significa que sustenta todas las cosas con la palabra del poder de su autoridad, porque la autoridad de Dios representa a Dios mismo, mientras que su poder representa sus hechos. El pecado contra el poder es perdonado con más facilidad que el pecado contra la autoridad, porque este último es un pecado contra Dios mismo.

Sólo Dios es autoridad en todas las cosas, porque todas las autoridades de la tierra son instituidas por él. La autoridad es algo de Importancia sin igual en el universo; no hay nada que la sobrepase. Por consiguiente, es imperativo que los que deseamos servir a Dios conozcamos su autoridad.

El origen de Satanás

El querubín, se convirtió en Satanás cuando sobrepasó la autoridad de Dios, compitiendo con él y volviéndose de este modo un adversario suyo. La rebelión fue la causa de la caída de Satanás.

Tanto Isaías 14.12-15 como Ezequiel 28.13-17 se refieren al ascenso y caída de Satanás. Sin embargo, el primer pasaje pone énfasis en cómo Satanás infringió la autoridad de Dios mientras que el segundo pone de relieve su transgresión de la santidad de Dios.

Ofender la autoridad de Dios es una rebelión mucho más grave que la de ofender su santidad. Puesto que el pecado se comete en la esfera de la conducta, se lo perdona con más facilidad que la rebelión, pues ésta es una cuestión de principios.

Al servir a Dios no debemos desobedecer a las autoridades porque el hacerlo es un principio de Satanás. Sin embargo es posible que en nuestra obra estemos con Cristo en la doctrina a la vez que con Satanás en los principios.

Satanás no tiene temor de que prediquemos la palabra de Cristo; pero cuánto teme que estemos sujetos a la autoridad de Cristo. En la oración que nuestro señor enseñó a su iglesia, las palabras “no nos pongas a prueba” señalan la obra de Satanás, mientras que las palabras “líbranos del maligno” se refieren directamente a Satanás. Inmediatamente después de estas palabras, el Señor hace una declaración muy significativa: “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por siempre. Amén” (Mateo 6.13, Versión popular). Todo reino, autoridad Y gloria pertenecen a Dios, y a Dios solo. Lo que nos libra totalmente de Satanás es el ver esta preciosísima verdad: que el reino es de Dios. Puesto que todo el universo está bajo el dominio de Dios, tenemos que someternos a su autoridad. Que nadie le robe la gloria a Dios.

Predicamos el evangelio para traer a los hombres bajo la autoridad de Dios; pero ¿cómo podremos establecer su autoridad en la tierra si nosotros mismos no hemos tenido un encuentro con ella? ¿Cómo podremos tratar con Satanás?

Antes de conocer la autoridad, Pablo trató de destruir a la iglesia; pero luego que se encontró con el señor en el camino a Damasco, vio que le era dura cosa a sus pies (el poder humano) dar coces contra el aguijón (la autoridad de Dios). Inmediatamente, cayó al suelo y reconoció a Jesús como señor. Después de eso, pudo someterse a todas las instrucciones que Ananías le dio en Damasco, pues Pablo había tenido un encuentro con la autoridad de Dios.

¿Cómo habría podido Pablo, siendo una persona inteligente y capaz, escuchar las palabras de Ananías -un desconocido hermanito a quien se lo menciona una sola vez en la Biblia-si no hubiera tenido un encuentro con la autoridad de Dios?

Esto nos muestra que quien ha tenido un encuentro con la autoridad trata simplemente con ella y no con el hombre. No miremos al hombre sino sólo a la autoridad de que está revestido. No obedecemos al hombre sino a la autoridad de Dios en ese hombre.

La obediencia a la voluntad de Dios: la mayor exigencia de la Biblia

autoridadaLa mayor de las exigencias que Dios impone al hombre no consiste en que lleve la cruz, sirva, dé ofrendas o se niegue a sí mismo. La mayor exigencia es que obedezca. Dios le ordenó a Saúl que atacara a los amalecitas y los destruyera por completo. (1 Samuel 15). Pero después de la victoria, Saúl perdonó a Agag, rey de los amalecitas, junto con lo mejor de las ovejas y bueyes, de los animales engordados, de los corderos y de todo lo bueno. Saúl no quiso destruirlos; argumentó que los habían dejado para sacrificarlos a Dios. Pero Samuel le dijo: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 de Samuel 15:22).

Para que se manifieste la autoridad, debe haber sumisión. Si ha de haber sumisión, es necesario excluir el yo; pero según nuestro yo, la sumisión no es posible. La sumisión sólo es posible cuando uno vive en el Espíritu. Esta vida en el Espíritu es la suprema expresión de la voluntad de Dios.

La oración de nuestro Señor en Getsemaní

Hay quienes creen que la oración de nuestro señor en Getsemaní, cuando su sudor caía hasta la tierra como grandes gotas de sangre, se debió a la debilidad de su carne, a su temor de beber la copa. De ningún modo, porque la oración de Getsemaní se basa en el mismo principio que 1 de Samuel 15.22.

La voluntad representa la autoridad. Por consiguiente, conocer la voluntad de Dios y obedecerla es someterse a la autoridad. Pero ¿cómo podrá uno someterse a la autoridad si no ora ni tiene el valor para conocer la voluntad de Dios? “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” dice el Señor (Juan 18.11). Aquí él sostiene la supremacía de la autoridad de Dios, no la de su cruz.

Aun la cruz, el enigma del universo, no puede ser superior a la autoridad de Dios. El Señor mantiene más la autoridad de Dios (la voluntad de Dios) que su propia cruz (su sacrificio). Al servir a Dios, no somos llamados a optar por la abnegación o el sacrificio, sino más bien a cumplir el propósito de Dios. El principio básico no consiste en preferir la cruz sino en obedecer la voluntad de Dios.

El derrocar la autoridad de Dios es derrocar a Dios. Por eso es que la Escritura dice: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, Y como ídolos e idolatría la obstinación” (1 de Samuel 15.23).

Conocer la autoridad es tan práctico como conocer la salvación, pero es una lección más profunda. Antes de poder trabajar para Dios, tenemos que ser derrocados por su autoridad. Toda nuestra relación con Dios está regulada por el hecho de si hemos tenido o no un encuentro con la autoridad. Si ya lo hemos tenido, nos encontraremos entonces por todas partes con la autoridad y, refrenados así por Dios, podrá él comenzar a utilizarnos.

Cómo actuaron nuestro Señor y Pablo cuando fueron Juzgados

Mateo 26 y 27 registran el doble juicio a que fue sometido nuestro señor Jesús después de su arresto. Ante el sumo sacerdote fue enjuiciado desde el punto de vista religioso, Yante Pilato desde el punto de vista político. Cuando Pilato lo juzgó, el Señor no contestó, porque él no estaba bajo jurisdicción terrenal. Pero cuando el sumo sacerdote lo conjuró por el Dios viviente, entonces sí respondió. Esto es obediencia a la autoridad.

Además, como se consigna en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 23, cuando Pablo era juzgado, se sometió prontamente al descubrir que Ananías era el sumo sacerdote de Dios. Por consiguiente, los que trabajamos debemos enfrentarnos cara a cara con la autoridad.

En Mateo 7.21-23 vemos que nuestro señor reprende a los que en su nombre profetizan y echan fuera demonios y hacen muchos milagros. ¿Por qué los desaprueba? Porque hacen de sí mismos el punto de partida; ellos mismos hacen cosas en el nombre del Señor. Esta es la actividad de la carne. Por eso nuestro Señor afirma que son hacedores de maldad y no obreros suyos. Jesús destaca que sólo el que hace la voluntad de su Padre entrará en el reino de los cielos. Tan sólo esto es trabajo en obediencia a la voluntad de Dios, la cual tiene su origen en Dios. No estamos para buscar trabajo que hacer, sino más bien para que Dios nos envíe a trabajar.

En el mundo se está socavando cada vez más la autoridad hasta que al fin todas las autoridades serán derrocadas y reinará la anarquía. Cualquier persona que haya sufrido alguna vez un choque eléctrico sabe que de ahí en adelante no puede ser descuidada con la electricidad. De igual modo, quien haya sido golpeado una vez por la autoridad de Dios, tiene de ahí en adelante sus ojos abiertos para discernir lo que es la transgresión, en sí mismo como en otros.