La Crítica

Anime, no critique

En ocasiones, los que viven cerca de usted adoptan el papel de “La lija del cielo”. Se trata de los expertos en encontrar fallas y errores sin importar cuán pequeños sean. Ellos centran toda su atención en ellos. El resultado de esa actitud tan nociva es todo, menos aprovechamiento y la mejoría de la persona. Más bien, las palabras hirientes laceran y lastiman… afectan la autoestima, y agotan emocionalmente.

Todos somos responsables ante Dios de la manera en que usamos las palabras. En especial, las que lastiman al prójimo. El exceso de palabras críticas no se produce en el corazón del sabio ni refleja lo que hay en el corazón de Dios. “En las muchas palabras no falta el pecado; más el que refrena sus labios es prudente”. (Proverbios 10:19)

Desde pequeños, anhelamos recibir aprobación; clamamos que se nos anime: “¡Papi, papi, mira lo que dibujé!” Cuando aprendemos a nadar, llamamos a mamá: “¡Mami, mírame! ¡Mira! ¡Mírame!” Todos ambicionamos recibir ánimo de parte de los demás, de personas que nos alienten y nos hablen con palabras sabias.

Si usted es un cristiano auténtico, considere lo siguiente: El Espíritu Santo tiene poder para consolarnos y aconsejarnos para cambiar. Puesto que todos los verdaderos cristianos cuentan con la presencia y morada del Espíritu Santo, tenemos el poder para ser una extensión del ministerio divino de consolar. El poder sobrenatural que cada uno posee como animador será fuente de inspiración para quienes necesitan cambiar y les dará el valor de hacerlo.

Dios Dice

Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. (Romanos 14:10)

Más versos al  respecto

Hebreos 3:12; 1 Tesalonicenses 5:11; Proverbios 10:32