La fe y la filosofía

Es una costumbre del mundo intelectual referirse a la fe como algo distinto y separado de la filosofía, de la ciencia o de la razón.

Son pocas las personas que advierten que no existe tal dicotomía. En realidad, la mayor parte del pensamiento es una cuestión de fe.

Estoy leyendo por estos días una selección de resúmenes del pensamiento de un conjunto de filósofos muy conocidos.

Se trata de “50 clásicos de la filosofía” de Tom Butler-Bowdon publicado por Nicholas Brealey Publishing.

Por cierto, es un desafío abordar tal diversidad de teorías sobre la mente, el espíritu, la naturaleza humana, la libertad, el gobierno, la cultura.

Algunos autores son bastante concretos y prácticos. Otros son oscuros y densos. Pero la mayoría de ellos tiene algo en común.

Si bien sus postulados están bien articulados y son sólidos en sus razonamientos, casi todos son actos de fe.

Si uno va a adoptar alguno de sus puntos de vista debe entender que hay que creerlos. Por una razón bastante simple:

La mayoría de ellos hace afirmaciones completamente diferentes unas de otras. Sobre el mismo tema hay tantas diferencias como filósofos hay.

Cada uno ofrece una demostración que considera inapelable a la hora del escrutinio de la razón.

Entonces, ¿cuál es la verdadera? Uno tiene que optar. Tiene que creer.

La fe es creer. Siendo una convicción o una certeza, siempre es sobre algo que se espera o que no se ve como bien lo afirma el autor de la carta a los Hebreos.

Los cristianos se pierden una extraordinaria oportunidad de ser oídos al aceptar la dicotomía entre la fe y la filosofía, razón o ciencia.

Toda definición acerca del origen, naturaleza, propósito y destino de todas las cosas es un acto de fe.

Ningún ser humano es universal y eterno como para poder afirmar que sus declaraciones son verdad absoluta.

Creo como cristiano que la única persona que puede hacer algo así es Dios. Y aún eso es un acto de fe. Lo es porque todo lo que puedo afirmar es que creo algo sobre Dios pero no puedo abarcarlo a Él. “¡Cuán leve es el susurro que hemos oído de él!”, se asombra Job; humildemente acepta que sobre Dios no podemos hacer afirmaciones definitivas. Lo único que podemos hacer es creer. Como los filósofos, los racionalistas y los científicos…