Tanto el Día de Expiación como la Pascua nos enseñan acerca del perdón del pecado y nuestra reconciliación con Dios por medio del sacrificio de Cristo. Por ahora, la Pascua se aplica personal e individualmente a los que Dios ha llamado en este tiempo, en tanto que el Día de Expiación tiene implicaciones mundiales muy importantes.

SATANÁS ES EL AUTOR DEL PECADO

El Día de Expiación tiene que ver no sólo con el perdón del pecado, sino que también representa la eliminación de la causa principal del pecado: Satanás y sus demonios. Hasta que Dios elimine al primer incitador del pecado, la humanidad sencillamente continuará cayendo en la desobediencia y el sufrimiento.

Los cristianos que se esfuerzan por resistir a Satanás y por dejar de pecar, sostienen batallas espirituales contra el diablo y sus demonios:

No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

El Día de Expiación nos proyecta hacia el futuro cuando Satanás no tendrá influencia sobre la humanidad ni podrá engañarla durante mil años (Apocalipsis 20:1-3).

EL SIMBOLISMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Observemos que el sacerdote tenía que seleccionar dos machos cabríos para ofrenda por los pecados del pueblo, y debía presentarlos ante el Eterno (vv. 5, 7). Aarón, el sumo sacerdote, debía echar suertes para escoger uno “para el Eterno”, el cual sería ofrecido como sacrificio (vv.  8-9). Este macho cabrío simbolizaba a Jesucristo, quien sería sacrificado para pagar la pena por nuestros pecados.

El otro macho cabrío tenía un propósito totalmente diferente: “Más el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante del Eterno para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto” (v.10). Notemos que este animal no debía ser sacrificado.

Y pondrá Aarón [el sumo sacerdote] sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto” (vv. 21-22).

El simbolismo del macho cabrío vivo hace un paralelo con el castigo que se le aplicará a Satanás y sus demonios, a quienes Dios quitará de en medio antes de que Jesucristo establezca su gobierno sobre todas las naciones. De esta manera, el diablo y sus demonios que por miles de años han estado incitando a la humanidad a todo tipo de maldad, serán declarados culpables y serán restringidos por completo.

La reconciliación total del hombre con Dios no podrá efectuarse hasta que Satanás —la causa de tanto pecado y sufrimiento— sea atado y restringido, (Apocalipsis 20:1-3).

LA APLICACIÓN ACTUAL DE ESTA FIESTA

Veamos ahora las instrucciones específicas acerca de cuándo y cómo debemos celebrar esta fiesta. Dios dice: “A los diez días de este mes séptimo será el día de expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas” (Levítico 23:27).

¿Cómo “afligimos nuestras almas”? Esta expresión se utiliza en relación con el ayuno (Salmos 35:13; 69:10 y Esdras 8:21). Ayunar es privarse de comida y de bebida (Ester 4:16).

¿POR QUÉ NOS DICE DIOS QUE AYUNEMOS DURANTE ESTAS 24 HORAS ESPECÍFICAMENTE?

El ayuno demuestra nuestro deseo de acercarnos a Dios con humildad. El Día de Expiación representa un tiempo futuro durante el cual —con Satanás desterrado y con el mundo devastado por los horribles acontecimientos que conducirán a ese tiempo— la humanidad humillada y arrepentida será por fin reconciliada con Dios.