Emuná (“Fe”)

1 Juan 5:4-5 Pues todo hijo de Dios vence este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe.  ¿Y quién puede ganar esta batalla contra el mundo? Únicamente los que creen que Jesús es el Hijo de Dios.

FE NO ES EL SIMPLE ACTO DE CREER

Solemos pensar en la fe como una estrategia para la gente que no es capaz de pensar por sí misma. “El tonto cree en todo”, escribe Salomón, “el sabio comprende” (Proverbios 14:15). Sin embargo, la emuná es una convicción innata, una percepción de la verdad que trasciende la razón, más que evadirla. Así, la sabiduría, el entendimiento y el conocimiento pueden mejorar la genuina emuná.

No obstante, la emuná (Fe) no está basada en la razón. La razón jamás puede alcanzar la certeza de la fe, ya que –se habla en términos razonables– siempre puede ocurrir que llegue un razonamiento mejor y demuestre la falsedad del tuyo. De esta manera, la fe es similar a ver algo en carne propia: la razón te puede ayudar a entender mejor lo que ves, pero le va a costar mucho convencerte de que nunca lo viste. Por eso, vemos que la emuná (Fe) perdura incluso cuando la razón no alcanza.

Cuando la persona tiene una profunda emuná en una verdad, ella siente que esta verdad es parte integrante de su propia esencia y su propio ser.

¿Cómo se obtiene?

Tal como dijimos, la emuná (Fe) es algo innato, pero puede fortalecerse a través del estudio, de la experiencia y del razonamiento. Sin esa fuente de nutrición, puede ocurrir que la emuná de la persona quede divorciada de su actitud y de sus actos.

Poner la fe en Jesucristo es un llamado a salir y quitar nuestros ojos del mundo, para poner nuestra confianza totalmente en Dios. Mientras que la fe del hombre natural dice: “Ver para creer” (Juan 20:25), la fe de Cristo dice: “Creer para ver” (Juan 11:40). Es un llamado a “andar por fe y no por vista” (2 Corintios 5:7).

La fe que nos ayuda a vencer los obstáculos que enfrentamos diariamente y nos permite vivir contrario a la corriente de este mundo, es la fe que proviene solo de Jesucristo.

Por fe somos salvos (Efesios 2:8)

Por fe habita Cristo en nuestros corazones (Efesios 3:17)

Por fe andamos (2 Corintios 5:7)

Por fe vivimos (Hebreos 10:38, Habacuc 2:4)

Si has fracasado una y otra vez, muy seguramente estás operando con “tu fe”, con “tu creer”. No podemos ser victoriosos con una espiritualidad tibia o fría. Primeramente abraza la fe (emuná) de Cristo que se nos es dada por el Espíritu Santo y que despierta en el nuevo nacimiento (Juan 5:4a) y, segundo, conduce tu vida con una fe (emuná) verdaderamente bíblica. “Porque separados de él nada podemos hacer” (Juan 15:5).