El valor de la confianza

La confianza es la esperanza firme que algo suceda, que funcione de una forma determinada, o que otra persona actúe como se desea. En nuestra sociedad actual, cuando se trata de dinero, la desconfianza es el denominador común.

El comercio ha sido una de las actividades ancestrales de la humanidad. Durante siglos, se compraban y vendían bienes sin dinero. Las transacciones se hacían por medio del trueque, cambiando una mercancía por otra. Sin embargo, esta operación resultaba difícil porque el comprador y el vendedor no se ponían de acuerdo en su valor. Así que se convino en darle valor a ciertos objetos para cambiarlos por lo que necesitaban. Al principio se utilizaron: pieles, tabaco, cerveza, aceite, vino, sal, especias y semillas de cacao, entre otros. Pero, con el tiempo, se optó por los metales, por su facilidad de transporte y durabilidad.

En el siglo VII a.C., el rey Giges de Lidia (actualmente Turquía) tuvo la idea de fundir el metal en piezas pequeñas con un peso constante. Como en su reino había muchas minas, sus metalúrgicos fundieron el metal en pequeños discos, que se convirtieron en las primeras monedas. Estas eran de oro y plata y tenían acuñada de un lado la cara de un león.

Una de las primeras transacciones comerciales registrada en la biblia fue la compra de un terreno por el patriarca Abraham para sepultar a su esposa. Génesis 23:15-16 nos dice: “Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Entierra, pues, tu muerta. Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata de buena ley entre mercaderes”.  Un siclo equivalía a unos 12 gramos de plata.

Con el dinero surgió el sistema financiero. Los bancos captan recursos que luego, con recursos propios o de otros, colocan en negocios que generan ganancias. Es decir, son un intermediario financiero entre entidades con capital y otras con déficit. De esta manera surgieron los préstamos que, siempre, exigen una garantía del prestamista y sus correspondientes intereses.

El banco de los pobres

En 1974, una terrible inundación en Bangladesh causó la muerte de casi un millón de personas y destruyó los campos de cultivo de miles de agricultores, provocando una gran hambruna.

Mohammad Yunus, un profesor de economía que convivía con los campesinos de Bangladesh, notó que la pobreza se perpetuaba porque el sistema dejaba a los pobres fuera de la economía. Los bancos no concedían créditos a aquellos que no podían ofrecer garantías, lo cual mantenía el círculo vicioso de la pobreza.

El profesor Yunus sabía que la caridad no era la solución. Pensó que podría prestar pequeñas cantidades de dinero a las mujeres pobres con familia.  Pero a diferencia de los bancos, no les exigió ningún tipo de garantía. Decidió confiar en que, con el fruto de su trabajo que creaba ese préstamo, poco a poco se pagaría la deuda.  Elaboró una lista de 42 personas que individualmente debían menos de 27 dólares. A cada una le asignó la cantidad adeudada sin otra condición que la de concentrarse en su trabajo y devolver el dinero en cuanto pudieran.

Aquella primera prueba tuvo mucho éxito: todas las mujeres devolvieron el dinero. Esto entusiasmó a Yunus quien, a pesar de la duda y desconfianza de muchos, fundó en 1976 el Banco Grameen que presta dinero a personas sin acceso a los créditos bancarios tradicionales. El banco se creó para conceder créditos a las personas más desfavorecidas, convirtiéndolas en accionistas.

Esta institución sin ánimo de lucro ha salvado de la miseria a cientos de miles de sus compatriotas. El Banco funciona en la actualidad con más de 22,000 empleados que trabajan en las calles, aldeas y pueblos de Bangladesh. Concede préstamos a 2,3 millones de personas, el 94% mujeres pobres, con una tasa de devolución del 97%. Así nació el concepto del microcrédito, que otorga préstamos a personas pobres en las áreas rurales de muchos países.

En 2006, Yunus  fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde los estratos bajos.​ El Comité Noruego Nobel hizo notar que «la paz duradera no puede ser alcanzada a menos que grandes grupos de la población encuentren formas en las que puedan salir de la pobreza».

Jesús y la economía

A pesar de estos logros, la humanidad no podrá satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento. La crisis presupuestaria, las deudas y el desempleo amenazan a individuos y gobiernos en todo el mundo.  Jesús dijo que el hombre no podría eliminar la pobreza y que siempre habría gente pobre. Marcos 14: 7 “siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien, pero a mí no siempre me tendréis”.

Es interesante saber que Jesús, aunque tenía una misión espiritual, conocía muy bien el sistema económico y financiero de su época. De sus 29 parábolas, 16 tienen relación con las finanzas y las posesiones. Además, no condenó los préstamos, sino la codicia y la usura. Mateo 5:42 “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses”.

Veamos otros ejemplos: Jesús conocía como operaban los bancos, como se ve en una de sus parábolas cuando reprocha a un servidor no haber puesto el dinero en un banco para generar intereses, Mateo 25:27 “Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”.

Estaba muy bien enterado del valor de las monedas de su tiempo y de los precios de bienes y servicios: El sueldo de un obrero, Mateo 20:2 “Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”; El precio de una habitación, Lucas 10:35 “Al otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese”; el castigo de prisión por deudas, Mateo 5:25 “De cierto te digo que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante”; el monto de los impuestos, Lucas 20:24 “Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la moneda y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De Cesar. Entonces les dijo: pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.  

Un nuevo orden

Bajo el nuevo régimen que esperamos, todos tendrán abundancia. Los fenómenos atmosféricos estarán bajo control y no sucederán catástrofes naturales. Los sistemas de producción agrícola satisfarán las necesidades de la humanidad. Amós 9:13 “He aquí vienen días, dice el Eterno, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán”. En el nuevo sistema económico no habrá necesidad de pedir prestado; no existirán organizaciones crediticias, ni las tarjetas de crédito que mantienen a muchas personas sumidas en una zozobra financiera y en una espiral de la deuda. El sistema de propiedad de la tierra cambiará porque todos serán propietarios de su parcela, no solo para subsistir, sino para producir abundantemente. Lea Miqueas 4:4 “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Eterno de los ejércitos lo ha hablado”.

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