CRISTO ES TODAS LAS COSAS “Cristo es todos los asuntos de Dios (Parte 2)”

Cristo es nuestra salvación

Si les dijera: “El Señor Jesús es nuestro Salvador”, ustedes responderían: “Es cierto; Él es nuestro Salvador”. Sin embargo, en Salmos 27:1 se nos dice que el Señor Jesús es nuestra salvación. En Salmos se nos muestra que el Señor es nuestra salvación y no sólo nuestro Salvador. El Señor sí es nuestro Salvador, pero aquí Dios le muestra a David que el Señor es nuestra salvación. Él es ambas cosas. El Señor Jesús es todos los aspectos de Dios, así como también todos los asuntos de Dios. Esto significa que todo lo que Dios nos da es el Señor Jesús.

No quiero ahondar mucho en este tema; sólo quiero establecer un fundamento. Si escudriñan la Palabra de Dios, descubrirán que Cristo es todos los aspectos de Dios. Dios no sólo nos dio a Cristo para que fuera nuestro Salvador y Redentor, ni para que fuese el Señor de la santificación y la justicia, sino para que llegara a ser el todo para nosotros. La justicia, la santificación y la justificación son sólo cosas o asuntos; pero Cristo es la realidad de todas ellas.

EN LA VIDA CRISTIANA SOLO EXISTE UNA PERSONA

Tal vez ustedes me pregunten: “Hermano, ¿por qué tiene que hablar tanto de esto?” Porque debo aclarar y recalcar que esta diferencia determina si la vida cristiana se basa en la vida o en la conducta. Existe una enorme diferencia entre estos dos caminos. La distancia entre estos dos caminos es enorme. Uno es espiritual, y el otro no. Uno es de Dios, y el otro proviene de la mente del hombre.

Estos dos caminos son diametralmente opuestos. Si estudian la Palabra de Dios, encontrarán que sólo existe una persona y no una cantidad de cosas. Sólo vemos esta única persona, el Señor Jesús. Aparte de Él, no encontrará ningún otro asunto ni ningún otro elemento.

El mayor problema de los hijos de Dios hoy es que su experiencia cristiana es incompleta. Una persona experimenta un poco de gracia, otra recibe un don y otra habla en lenguas, mientras que otra experimenta algunos cambios en su conducta. Algunos tienen amor, otros perseverancia y otros humildad. Tal vez piensen que eso es ser cristiano. En la actualidad se entiende que eso es la vida cristiana, pero en realidad ése no es el caso. La vida cristiana es sencillamente Cristo. No depende de un don ni de algo que Cristo nos otorgue, pues es Cristo mismo. ¿Pueden ver la diferencia entre estos dos caminos? Son completamente diferentes. Ser cristiano no radica en que Cristo nos dé algo, sino en que Cristo se imparta en uno. El problema es que en el cristianismo actual se piensa sólo en términos de lo que Cristo nos da. Por ejemplo, cuando éramos incrédulos, Cristo nos dio gracia y tuvo misericordia de nosotros; ahora que somos creyentes, nos da paciencia, humildad y mansedumbre. Da la impresión de que la función de Cristo se limita a conceder cosas.

EN LA VIDA CRISTIANA NO SE DEBEN BUSCAR COSAS INERTES

A los ojos de Dios no son importantes los dones que Cristo pueda otorgar, ya que Él nos dio a Cristo mismo. Dios no nos dio humildad ni paciencia, sino que nos dio al Cristo completo. Cristo, el Señor viviente, llega a ser nuestra humildad, nuestra paciencia y nuestra mansedumbre. En esto consiste la vida cristiana.

Debemos tener presente que en la vida cristiana no debemos aspirar a obtener virtudes ni dones; nunca debemos procurar cosas, ya que en la vida cristiana todo se reduce a una persona, quien es Cristo mismo. En otras palabras, nuestra paciencia no es una virtud, sino una persona; nuestra santificación no es una acción, sino una persona; nuestra justicia no es una experiencia, sino una persona; nuestra redención y liberación no son algo que recibimos en cierta ocasión ni son simples cosas. Nuestra redención, liberación, paciencia, humildad, mansedumbre, amor, etc., son el Señor mismo. En esto consiste la vida cristiana. Cristo lo es todo para los santos hoy. No hay necesidad de esperar nada más.

Muchas personas preguntan por qué decimos que Cristo lo es todo. Si uno conoce la verdadera vida cristiana, reconocerá que Él lo es todo. Él no nos da todo, sino que Él lo es todo. Estos son dos conceptos completamente diferentes.

¿Por qué sufren tanto los hijos de Dios? La razón es que sólo han recibido dádivas en lugar del Señor; no han recibido a la persona de Cristo. Han recibido virtudes, más no al Señor mismo, al Cristo que Dios da. Han recibido sólo asuntos y cosas, y no a una persona. Yo no sé cuán claramente ustedes entiendan esto. Pero puedo decirles que cuando resolvemos este asunto, todo se resuelve.

Cuando fuimos salvos, muchos de nosotros escuchamos la Palabra de Dios que decía que Él amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida eterna. Cuando escuchamos esto, entendimos que necesitábamos ser salvos, y acudimos a Dios en oración diciendo: “Señor, Tú me amaste y te entregaste por mí. Tú has llegado a ser mi Salvador. Por favor, dame también la salvación”. ¡Qué equivocados estábamos! Pensábamos que tener al Salvador no era suficiente, y que además necesitábamos la salvación. Muchos han hecho esto. ¿Entonces cuál  es nuestro evangelio? Si decimos que Dios nos dio al Salvador, por qué al arrepentirnos, decimos: “Dios, concédeme Tu salvación”. Si al tener al Salvador tenemos la salvación ¿por qué pedirla? Sería insensato decirle a Dios: “Tú me diste al Salvador, ahora por favor dame la salvación”.

YO SOY…”

Ahora somos creyentes, somos salvos, y Dios nos dio a Cristo para que sea nuestra vida. Sin embargo, constantemente le estamos pidiendo cosas. No le pedimos una ni dos ni tres ni diez ni ciento, sino millares y millones de cosas.

Pensamos que todas esas cosas son importantes. Pero Dios nos muestra que Cristo es y debe ser todo lo que necesitamos.

Por eso la Palabra de Dios declara que el nombre de Cristo es “Yo soy”. No quiero hablar mucho de este asunto fuera del contexto bíblico; examinemos lo que la Biblia dice al respecto.

Verdadera comida

En el evangelio de Juan, el Señor declara que Él es el pan de vida. Nosotros le pedimos frecuentemente a Dios que nos alimente, pensando que existe algo en la Palabra llamado “alimento”. Como tenemos hambre, le decimos: “Por favor, danos comida”. No obstante, resulta extraño que quienes piden comida, no la reciben.

Los que piden y ruegan que se les dé alimento son los que más hambre pasan. Durante los años que tengo de servicio al Señor, nunca he conocido una persona que le haya pedido comida a Dios, y que la haya recibido. Tal vez ustedes pregunten: “¿Significa eso que la Palabra de Dios está equivocada? ¿No es verdad que Lucas 1:53 afirma que Dios colmará de bienes a los hambrientos?” Es cierto que los hambrientos serán saciados de bienes. ¿Pero qué es lo que en realidad los sacia? Debemos tener presente que la comida no nos satisface, pero Cristo sí. Muchas veces sentimos hambre y estamos necesitados, y creemos que Dios tiene comida para nosotros; así que oramos y esperamos recibirla, aunque no sabemos cómo. Todo lo que sabemos es que debemos acudir al Señor, creer, recibir y disfrutar más. Pero lo asombroso es que cuando creemos, recibimos; y cuando buscamos más al Señor, aunque no recibimos el alimento que esperábamos, somos saciados. Al buscar al Señor, al hablar con Él y recibirle, quedamos satisfechos. La comida de Dios es Cristo. Su comida no es comida física, pues Dios no tiene cosas para nosotros; el alimento que nos da es Cristo mismo. Los chinos tienen una expresión con la que califican algo de redundante, la cual se traduciría “mil páginas del mismo tema”. Tal vez no nos parezca bueno repetir, pero ante Dios, todas Sus cosas son “mil páginas del mismo tema”. No importa qué busquemos en lugar del Señor, Él siempre nos da lo mismo; nos da a Cristo, quien es “mil páginas del mismo tema”. El satisface nuestras necesidades, ya que las cosas nunca podrán hacerlo.