Tu familia necesita más que dinero

“Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes” (Lucas 12:15).

Mentiras repetidas

Yo creía en algunas de las mentiras comunes que los hombres nos inclinamos a creer: que mi trabajo es proveer de manera abundante para mi familia, y que si dejo en manos de Jesús el proveerme para el futuro, mi calidad de vida empeorará. O que obtener riqueza es mi trabajo, así que estoy disculpado por mostrarme un poco distante en asuntos de matrimonio y familia.

Pero las veces que pasé recostado en una cama de hospital mientras recibía tratamiento, al borde del dolor, me agobiaba la reprensión de Dios que venía a mi cabeza una y otra vez: “Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma” (Lucas 12:20). ¿Estaba actuando como un necio? De verdad, ¿qué sería mejor? Opción uno: ¿Vivir sin nuestros ahorros existentes y con Dios a cargo de proveernos? U opción 2: ¿morir y que mi familia quedara con un montón de dinero?

El Señor contestó esta pregunta transformando mi alma a través de cinco inimaginables años de sufrimiento a causa de una enfermedad, y una segunda complicación al tener bajas defensas y migrañas terribles. Esa es otra historia, pero Dios puso su dedo en los ídolos que yo no podría haber superado sin este sufrimiento hecho a medida.

Al principio cuando estaba enfermo, parecía como si nadie en realidad me necesitara. La vida siguió adelante. Todos estaban ocupados. Sin embargo, mientras hacía recuento de las maneras en que ya no podía ser de ayuda, y mientras planificaba dejar que el dinero del seguro pastoreara a mi familia, mis hijos necesitaron de un padre comprometido que aún confiara en el Señor. Fue así de básico y crucial. Mi esposa necesitaba que yo valorara la familia más de lo que temía al futuro. Ella necesitaba ver mi valor y sentido del humor para controlar mi negatividad, y para aceptar que la salvación de Dios venía en camino, aun cuando estuviéramos confundidos. Mi familia me necesitaba a mí más que al dinero, una lección que aprendí casi demasiado tarde.

Verdades repetidas

Ahora repito estas verdades para combatir las mentiras que me veo tentado a creer:

  • Es el Señor el que da poder para hacer riquezas, no yo (Deuteronomio 8:17–18).
  • Dios cree que soy valioso. Él sabe lo que necesito. Me dio el reino sin dudarlo (Lucas 12:24, 28, 32).
  • Mi trabajo no está hecho para proveer simplemente en lo económico.
  • Una menor riqueza no produce una vida menos fructífera, los ídolos falsos sí.
  • Mis seres amados me necesitan a mí, no mis riquezas.

En la actualidad, continuamos poniendo en práctica esas verdades. Aunque estoy trabajando de nuevo, nuestros fondos son significativamente menores debido a las costosas facturas médicas, dos menores y un ministerio en el que hay que invertir ya que está madurando.

Esos años de enfermedad trajeron más pérdidas de las que podríamos haber imaginado. Sin embargo, fue la mejor época de mi vida. Lo haría de nuevo por el cambio de vida que Dios proveyó. Pero todavía es difícil. Estamos preocupados por nuestro futuro, pero no pesimistas. En las Escrituras, vemos el carácter de Dios y su inquebrantable tendencia a redimir a sus hijos.

Siempre quise saber qué quería decir Jesús cuando le dijo al apóstol Pablo que su gracia era suficiente para el sufrimiento. Ahora lo veo por mí mismo. Es un caudal intenso y abundante, no un goteo tacaño. Años atrás, en mis citas en el hospital, me aferré a la abundancia como medio de salvación. Hoy en día, me aferro a Él para que me salve y lo seguiría a cualquier parte, incluso con una ínfima cantidad de ahorros, siempre y cuando él esté guiándome. Eso es lo que significa vivir abundantemente.

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