Los enemigos de los bueyes (Parte 5 “La lujuria”)

Los bueyes eran una parte vital de la economía, la agricultura y la vida misma de todo israelita. Y de manera especial, tenían un lugar relevante dentro del Templo del Señor, especialmente, en las ofrendas y sacrificios, y también en los utensilios como el mar de bronce que estaba en el templo del rey Salomón donde esta fuente descansaba sobre doce bueyes (Jeremías 52:20).

Dentro de este contexto encontramos este verso en Proverbios 7:22: “Al punto se marchó tras ella, como va el buey al matadero o como va el necio a prisión para ser castigado”. Este verso relacionándolo con el sinónimo espiritual de los bueyes como ministros o siervos de Dios, nos está señalando dentro del contexto del capítulo, un enemigo que debe ser identificado, analizado y luego puesto ante la luz de Dios para poder escapar de él.

¿Cuál es ese enemigo? Podemos llamarle la lujuria.

Consultando varios diccionarios, dentro de ellos el DRAE, podemos definirla como: un vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado, exacerbado y excesivo de los placeres carnales, sexuales o de los sentidos. Tiene una connotación directa con adulterio, fornicación, prostitución, lascivia, idolatría,  pornografía, entre otros. Representada en la actitud de joven del contexto de Proverbios 7:8, y su acercamiento a la casa de una mujer inmoral, vestida como ramera y astuta de corazón; y a la hora del crepúsculo, al anochecer, mientras caía la densa oscuridad.

Aplicando el sinónimo espiritual de buey, deducimos que todo ministro o todo aquel que sirve a Dios, debe cuidar su corazón de la lujuria, porque al no hacerlo estaría poniendo en riesgo su integridad ministerial y personal y su testimonio ante Dios, su familia, la Iglesia y el mundo.

El libro de Proverbios nos enseña como la sabiduría es representada por una mujer virtuosa, que teme al Señor, que edifica su casa. Y contrasta con la necedad o la insensatez, que representa a una mujer necia que destruye su hogar.

En esta figura bíblica podemos aplicarla en la representación que Apocalipsis hace de entidades femeninas que representan mujeres insensatas y necias, que están personificando entidades espirituales que se oponen a Dios. Veamos por ejemplo, Apocalipsis 2:20: “Pero tengo contra ti que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos para fornicar y para comer cosas sacrificadas a los ídolos”. Este pasaje claramente muestra como la lujuria engloba no sólo aspectos físicos y terrenales, sino también una dimensión espiritual.

La idolatría representa un adulterio espiritual, que atenta contra el más grande mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas, y el adorarle dándole la gloria que  sólo le pertenece a nuestro Rey de Reyes. Apocalipsis nos advierte que en el tiempo final veremos el crecimiento de la inmoralidad. Y en la actualidad, es evidente como a través de los medios de comunicación masiva, se difunde cualquier tipo de contenido que provoca a la lujuria, exponiendo desde niños hasta adultos al mismo contenido.

Ese fenómeno se le llama la erotización de la sociedad o una cultura hipersexualizada. Lo cual refleja el resultado del exceso de información de un contenido lujurioso, que influencia a muchísimas personas dañando su integridad sexual, su dignidad y la imagen y semejanza de Dios.

¿Qué debe hacer un ministro o un siervo de Dios ante esto?: Santidad. Proponer en nuestro corazón no contaminarnos con los placeres de este mundo (Daniel 1:8). El Señor ha preparado deleites para nuestra vida, pero están dentro de sus bendiciones, condicionados a su Palabra y sus principios, la intimidad conyugal entre otros.

Pero el gran peligro está en dejarnos llevar por el hedonismo (Tendencia a la búsqueda del placer y el bienestar en todos los ámbitos de la vida de inmediato) de este tiempo que propone que la búsqueda del placer es el bien máximo del hombre y su felicidad, aunque esto implique contaminarse, desagradar a Dios, destruir su vida y la de su familia, etc.

Temor de Dios

El principio de la sabiduría  nos va a permitir ser librados de la embriaguez de la fornicación (G4202 porneía) y la inmoralidad (Apocalipsis 17:2). Es como una ceguera, como cuando el buey es llevado al matadero sin saber que va a perder su vida, es decir, sin considerar las consecuencias. Proverbios 7:7 nos señala que una de las características de este joven fue su falta de sentido común.

Es decir, el temor de Dios nos asegura el discernimiento y a la vez, el apartarnos del mal. Perder el temor de Dios implica necesariamente perder nuestros principios y nuestro seguro contra las tentaciones.

Voluntad de Dios

La determinación de querer hacer la voluntad de Dios cueste lo que cueste. Dice Eclesiastés 7:26: “Descubrí que una mujer seductora es una trampa más amarga que la muerte. Su pasión es una red, y sus manos suaves son cadenas. Los que agradan a Dios escaparán de ella, pero los pecadores caerán en su trampa”. Una norma de vida de un cristiano es vivir sometiendo nuestra voluntad, deseos, intenciones y pensamientos del corazón, a la voluntad suprema de Dios, y estar dispuestos a morir cada día, con tal de agradar a Dios en todo.

Finalmente, nos corresponde reconocer que prevenir una tentación es la mejor forma de no caer en ella. La Biblia nos exhorta a orar para no caer en tentación (Marcos 14:38), y dentro de nuestra vida de oración podemos clamar como nos enseña Apóstol Judas (24-25) “A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro  Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén”.