La Fiesta de los Tabernáculos Estudio completo (Parte 2)

Un mundo de paz y prosperidad

En ese tiempo toda la creación estará en armonía con Dios y habrá paz universal. El rey David dijo: “Mucha paz tienen los que aman tu ley” (Salmos 119:165). ¡Imaginémonos cómo será el mundo cuando todos  conozcan y vivan conforme a la ley de Dios!

Pero el conocimiento, por sí solo, no es lo que producirá esta asombrosa transformación. Tendrá que operarse un cambio espiritual en toda la gente. Dios nos explica cómo sucederá: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).

Por medio de su santo Espíritu, Dios obrará en la gente para que lo obedezcan de todo corazón. Empezarán a interesarse más por los demás que por ellos mismos. Cada uno empezará a considerar a los demás como “superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

En lugar de preocuparse sólo por sí mismos en forma egoísta, su interés principal será el de ayudar a sus semejantes. No habrá robos ni existirá la falta de respeto hacia las personas o hacia sus propiedades.  Debido a que finalmente el mundo estará en paz, las naciones “volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4; Miqueas 4:3).

Durante este lapso de mil años, Dios transformará hasta la naturaleza de los animales salvajes, lo que será un reflejo de la paz y armonía que disfrutarán los seres humanos. En Isaías 11:7-9 se nos habla cerca de este hermoso tiempo: “La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar”.

Los efectos del pecado desaparecerán Dios sanará las enfermedades y otros males físicos. La profecía de Isaías nos habla del tiempo en que “los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo. . .” (Isaías 35:5-6).

Más importante aún será la curación espiritual que habrá de efectuarse. Según la profecía de Isaías, Jesucristo terminará la obra sanadora que empezó durante su ministerio físico: “El Espíritu del Eterno el Señor está sobre mí, porque me ungió el Eterno; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad del Eterno, y del día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza .” (Isaías 61:1-3; Lucas 4:18-19).

En ese tiempo empezarán a desaparecer las consecuencias o efectos acumulados del pecado, fruto de todas las generaciones en que el hombre ha seguido los caminos de Satanás. A la Fiesta de los Tabernáculos también se le llama “la fiesta de la siega” (Éxodo 23:16) porque coincidía con el fin de la cosecha anual en la tierra de Israel.

Por eso Dios ordenó: “Os alegraréis delante del Eterno vuestro Dios” (Deuteronomio 12:12, 18; 14:26). Esta fiesta era de regocijo por las abundantes cosechas con que Dios los bendecía.

El mismo tema de la abundancia en las cosechas continúa en el cumplimiento futuro de esta fiesta. Por medio de Isaías, Dios también hizo saber que los desiertos serán transformados en tierras fértiles, “porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas” (Isaías 35:6-7). En ese tiempo la tierra producirá abundantes cosechas: “He aquí vienen días, dice el Eterno, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán” (Amos 9:13).

El significado de los tabernáculos

El nombre de la Fiesta de los Tabernáculos proviene del mandamiento que Dios le dio al antiguo Israel de que construyeran habitaciones temporales —tabernáculos o cabañas— donde habían de vivir durante esta festividad. Los israelitas salían de sus casas y construían moradas temporales (en hebreo “succah” o “succot” que significa “choza construida de ramas”) en las que vivían mientras se regocijaban ante Dios. Esto les recordaba que cuando fueron liberados de la esclavitud en Egipto Dios les hizo vivir en tabernáculos (Levítico 23:34, 41-43). En contraste con la dura vida de la esclavitud, en esta fiesta resaltan la paz, el descanso, la paz y la prosperidad a medida que se suplen las necesidades de la gente, incluso los extranjeros, las viudas y los pobres.

La Biblia hace hincapié en que, como en el caso de los tabernáculos o moradas temporales, nuestra vida es transitoria. El apóstol Pablo trata este tema en 2 Corintios 5:1-2: “Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”.

En el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos se mencionan algunos de los fieles siervos de Dios que “conforme a la fe murieron. . . sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos en la tierra” (v. 13). La Fiesta de los Tabernáculos es un recordatorio anual de nuestra condición temporal y de que también nosotros buscamos “una patria” (v. 14).

Esta lección se graba más en nuestra mente cuando viajamos a alguno de los lugares donde se celebra la Fiesta de los Tabernáculos y habitamos en moradas temporales como hoteles y campamentos. Esta fiesta nos recuerda que, a pesar de todas las posesiones materiales que podamos tener, aún somos mortales y no podemos heredar la vida eterna sin ser transformados de carne a espíritu (1 Corintios 15:50-54).

En el relato de la visión que se conoce como la transfiguración, Jesús les permitió a Pedro, Jacobo y Juan tener una vislumbre del Reino de Dios. En la visión, Cristo glorificado hablaba con Moisés y Elías. La reacción inmediata de Pedro fue sugerirle a Jesús que les dejara construir tres enramadas o tabernáculos. Es evidente que él entendía la importante relación que hay entre los tabernáculos y nuestra búsqueda de la vida eterna en el Reino de Dios (Mateo 17:1-9; Lucas 9:27-36).

2 comentarios en “La Fiesta de los Tabernáculos Estudio completo (Parte 2)

    1. Te agradezco, en algunos casos consulto más referencias para enriquecer o corregir el tema citado, e inclusive trato de hacerlo más práctico, gracias por el comentario, en más haré referencia a la información consultada.

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