El caso MESSI

Lionel Messi a sus 11 años fue rechazado por River Plate porque tenía una enfermedad extraña y su tratamiento duraba en total tres años y el costo era de 36.000 USD.

Pero el Barcelona lo vio y estuvo dispuesto a invertir en este joven.

Hoy, el pase de Messi vale casi 300.000 millones de USD.

Esto es una gran lección a nuestra incapacidad de ver con perspectiva de futuro. Cuántos jóvenes con capacidades como la de Messi, en diferentes disciplinas, se han quedado con sus sueños rotos por la poca visión de instituciones que ven el desprendimiento de dinero y recursos como una pérdida y no como una inversión.

Cuántos jóvenes, tienen que aferrarse a sus sueños y luchar en contra de todo designio cuando son ignorados, criticados y hasta despreciados, porque los ritmos de las instituciones no dan espacio para otros enfoques, otros discursos, otras preguntas, otras propuestas.

Cuántos Messi no podrán nunca entrar a la cancha para deslumbrar a una multitud apasionada.

Cuántos Nelson Mandela nunca lucharán en contra de la segregación racial u otro tipo de discriminación, uniendo el corazón de una sociedad fisurada.

Cuántos Cantinflas nunca nos harán reír con sus ocurrencias genialmente simples y extraordinariamente brillantes.

Cuántas Amelia Earthart nunca cruzarán los mares con valentía demostrando que las mujeres no son el sexo débil.

Y así, las instituciones lapidan su propio futuro, le ponen fecha de vencimiento al negarse en invertir en las nuevas generaciones.

Qué ejemplo para el River, “El chico ignorado hoy es la Súper Estrella”. Me imagino cuánto sentimiento de culpa tendrán aquellos que en el pasado pasaron por alto la vida y los proyectos de un niño de 11 años.

Quizás una institución lo privó a Messi de un tratamiento, le cerró una puerta, pero no lo privó ni a este chico ni a sus padres de seguir soñando y caminando.

Es ahí donde concluyo que los sueños no son para pasar un lindo momento, son para CUMPLIRSE.

Es ahí donde confirmo que las limitaciones físicas no son nuestro enemigo. Nuestro enemigo es quedar inválido del espíritu emprendedor.

Es ahí donde admito que el rechazo no nos puede detener; lo que nos detiene somos nosotros mismos cuando vivimos rechazándonos continuamente.

Y sobre todo, es ahí donde creo con todo el corazón que cuando las mentes estrechas e incompetentes te cierran las puertas por sus dogmas obsoletos, por su mezquindad o por su falta de visión, Dios es el que está más preocupado por nuestro futuro que ningún otro. Él es el que abre puertas cuando otros cierran, Él es quien nos provee cuando otros cerraron su puño.

Él no nos dejará hasta que cumplamos nuestra misión, porque también es su misión.

¡No importa tanto la actitud, sino más bien la profundidad del carácter!

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