DOS PALABRAS “MÁGICAS” QUE CONSTRUYEN PUENTES

Una investigación permitió entrevistar a cincuenta padres catalogados como especialmente efectivos a la hora de cultivar una fe a largo plazo en sus hijos. Para el equipo que conducía las entrevistas, el poder de los padres para disculparse con sus hijos se estaba volviendo cada vez más raro.

Lo que separa al cristianismo de todas las demás religiones es la gracia. Todas las demás religiones creen que alcanzamos a Dios a través de la obediencia y de determinados comportamientos. En el cristianismo Dios nos alcanza a través de la gracia inmerecida.

Gracia: (hebreo  jên, jesed; griego.  járis).  Los términos originales significan “favor” o “bondad”, especialmente si no ha sido ganada ni merecida, traducido con frecuencia como “misericordia” (Salmo 17:7; 40:11; Isaías 63:7; Adán y Eva recibieron una promesa de salvación a pesar de su desobediencia Génesis 3:15, y se les proveyó una protección física v. 21)

Si queremos que nuestros hogares estén llenos de gracia, nosotros como padres debemos disculparnos rápidamente. Confesar nuestros errores a nuestros hijos y pedirles que nos perdonen, no solo construye relaciones familiares más cercanas, sino que también ayuda a nuestros hijos a experimentar la cercanía de la tierna misericordia de Dios.

Entonces, gracias a esta investigación, deberíamos comenzar a decirles a nuestros hijos dos palabras con más frecuencia: “Lo siento”.

“Lo siento por el tono de voz que utilicé cuando te pedí que lavaras los platos”.

“Lo siento por  haber malinterpretado el problema que estabas teniendo con tu hermano y haber llegado a una conclusión injusta”.

“Lo siento por no haber sido lo suficientemente sensible como para ver lo cansado que estabas del deporte”.

Si deseas hacer de tu hogar un centro de gracia, intenta lo siguiente:

  1. Mantente atento a las situaciones en las que tu propia fatiga te haga hablarles mal a tus hijos.
  2. Cuando sientas que les has hecho daño a tus hijos, diles que lo sientes y pídeles perdón.
  3. Asegúrate de perdonar rápidamente a tus hijos cuando necesiten hacer lo mismo.

Según esta investigación, decir “lo siento” no es un signo de fracaso parental. Puede ser un puente hacia una mayor intimidad y fe familiar.