EL ADOLESCENTE Y SU PROYECTO DE VIDA

El punto de partida

La historia de nuestra vida inicia mucho antes de nacer. Nuestros padres reciben la noticia de que llegará un nuevo miembro a la familia. En este instante la mente de mamá y papá vuelan muy lejos imaginando cómo será ella o él. Luego, el resto de la familia quiere participar en el planeamiento de nuestro futuro, comentando sobre lo que haremos, la escuela donde nos conviene que estudiemos o la profesión que deberíamos elegir para ser exitosos; y los más arriesgados mencionan que deberíamos casarnos y tener hijos, posiblemente a los veinticinco o treinta años.

De esta manera, resulta fácil comprender por qué muchos especialistas del comportamiento humano consideran que las expectativas y los anhelos de la familia influencian, entre otras cosas, el futuro de los individuos, ya que, sin duda, cada uno de nosotros responde de una u otra forma ante esas demandas o presiones. La búsqueda de respuestas a preguntas como ¿quién quiero ser?, ¿cómo quiero ser? o ¿qué quiero ser?, pasan a primer plano. Al nacer, cada persona se encuentra inmersa en una realidad familiar y sociocultural, que influye en su manera de pensar, sentir y actuar. Desde niños jugamos con la idea de ser médicos, bomberos, maestros, veterinarios. En ocasiones podemos decidir qué vestiremos para ir al parque, con quién jugaremos o qué muñeco llevaremos de paseo; decisiones que a simple vista pueden resultar insignificantes, pero que a la larga se constituyen en una especie de entrenamiento y punto de referencia para la adecuada toma de decisiones en situaciones y circunstancias futuras.

El trayecto de la adolescencia

La adolescencia es un periodo muy particular de la vida. Abandonamos la niñez para adentrarnos en la vida adulta. Esta época de transición es caracterizada por muchos, como una etapa de cambios radicales y de grandes retos.

La búsqueda de respuestas a preguntas como ¿quién quiero ser?, ¿cómo quiero ser? o ¿qué quiero ser?, pasan a primer plano. Las ideas infantiles se topan de frente con las nuevas prioridades y expectativas.

Las decisiones y los proyectos encuentran un terreno fértil en la etapa de vida en que se encuentran los adolescentes. Es común escuchar a los jóvenes hablar sobre lo que desean ser o lo desean lograr en diferentes ámbitos de su vida. Metas como terminar el colegio, poder ingresar a la Universidad, viajar y conseguir un buen trabajo; frecuentemente ocupan los lugares de privilegio en la lista de los sueños de muchos  jóvenes.

Un proyecto de vida

Los adolescentes necesitan un motor que los impulse hacia la consecución de esas metas, además de las emociones que pueden ser pasajeras. Sus sueños deberían estar acompañados de una guía acerca de lo que desean lograr y de cómo pueden conseguirlo.  Para ello es muy útil tener un plan o proyecto de vida.

El proyecto de vida puede entenderse como un bosquejo de nuestras metas, con los pasos que queremos dar en el presente para lograrlas.  Este esquema facilita el logro de las mismas, porque nos permite tener una visión más clara de las cosas que debemos hacer para alcanzar nuestros propósitos.

Frecuentemente, las y los adolescentes tienen en mente lo que desean llegar a ser; empero algunas veces, estos proyectos responden a anhelos de la infancia o a las expectativas de la familia. Por esta razón, es importante que los jóvenes tomen tiempo para conocer cuáles son sus intereses, sus capacidades y sus limitaciones, con el fin de que sean ellos mismos quienes elijan personalmente sus metas y estén convencidos de querer lograrlas.

El acompañamiento y consejo de padres, mentores y amigos es valioso; sin embargo el proyecto de vida debe responder, de manera muy particular, a las características personales de cada adolescente. Es por esta razón que la reflexión y conclusiones en torno a lo que se desea alcanzar en la vida —y cómo hacerlo—, sea diseño propio de los jóvenes. Cada proyecto de vida es único y especial, tal como cada individuo lo es. Es importante que los jóvenes tomen tiempo para conocer cuáles son sus intereses, sus capacidades y sus limitaciones. Es fundamental que todo joven se fije metas claras y defina los pasos que ha de seguir para conseguirlas. Además, es necesaria la motivación para triunfar y una sana actitud de aprendizaje ante cada experiencia. Escuchar la opinión de otros, principalmente de aquellos que los aman, permitirá evaluar las circunstancias de una manera más realista y objetiva, y hacer los ajustes necesarios para seguir adelante.

El conseguir las metas es un verdadero reto para cada adolescente, porque requiere de tiempo, esfuerzo y dedicación. Además, en el camino se pueden presentar adversidades, las cuales podrían cambiar el rumbo de las cosas. Lo más importante es, por lo tanto, cultivar una actitud emprendedora que nos motive a continuar el camino.  Tener claro hacia dónde vamos y cómo conseguiremos llegar ahí, nos permite tomar buenas decisiones para lograrlo y perseverar. Si se sienten inseguros o sin dirección, pueden buscar el consejo de personas de confianza o de un profesional que pueda orientarlos.

A continuación, algunos consejos para el planteamiento de un proyecto de vida durante la adolescencia:

– El proyecto de vida de cada individuo es irrepetible ya que responde a necesidades particulares.  Es conveniente que los familiares, mentores, amigos, otros le aporten consejos y valoraciones, sin embargo debe ser la persona misma, en última instancia, la que decida su futuro.

– El proyecto de vida no es estático, puede ser ajustado y variado de acuerdo a las circunstancias, situaciones o cambios que se presenten en el camino.

– No pretendamos resolver nuestra vida desde ya. Sin duda podemos definir con relativa facilidad y de forma concreta las metas más inmediatas y generales, como desempeño escolar, recreación, relaciones filiales y de amistad, etcétera.

– Los objetivos de mayor trascendencia deben ser sopesados con detenimiento, es decir aquellas grandes directrices que definirán el rumbo de la vida, tales como la escogencia de la pareja con quien se compartirá la vida, la elección de profesión, criar hijos… Es importante tener presente que las decisiones definitivas de la mayoría de estos objetivos, pertenecen a etapas posteriores de la vida, aun cuando desde ya podemos ir allanando el camino para cuando ese momento llegue.

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