EL POTENCIAL DE UNA RELACIÓN III

Cuando escuchas la palabra sexo, ¿qué es lo que viene a tu mente?

Algo prohibido, algo malo, algo sucio, o algo de lo que no se debe de hablar.

Bueno pues no es nada de eso. Es algo limpio, algo que fue creado por Dios, es un regalo de Dios para nosotros. Fue Dios el que lo creó, no la revista Playboy. En Génesis 1: 31 dice: ” Y vio Dios todo lo que había hecho y vio que era bueno en gran manera”.

Esto incluye nuestras habilidades sexuales, esos sentimientos que tenemos, esa atracción hacia el sexo opuesto que no son del diablo, ni es pecado, Dios nos lo dio. Sólo hay que aprender a controlarlos o vamos a terminar siendo controlados por ellos. Tenemos que aprender a usarlos o seremos culpables de usarlos mal.

Sólo hay un lugar correcto para el sexo: el matrimonio.

¿Sabías que hay razones poderosísimas por las cuales no debemos involucrarnos en relaciones sexuales ni antes del matrimonio, ni fuera de él?

Estas, son razones que no sólo son porque en la Biblia nos lo dice o algún religioso te lo demanda. No, son razones bien lógicas y reales, o más bien, podríamos llamarlas consecuencias, y resultados que vienen por no hacerle caso a nuestros Dios amoroso y pensar que nosotros somos más inteligentes que Él.

Tenemos la libertad de hacer lo que nosotros queramos, a la hora que queramos y con quien queramos, pero no nos conviene. No porque soy libre, me voy a tirar de un edificio de 10 pisos de cabeza, o voy a salir a comerme una piedra. Soy libre pero no tonto. No todo me conviene. Tenemos que tener límites, o seremos destruidos. En 1ª Corintios 6:12 dice algo muy interesante y lógico:

Todas las cosas me son lícitas (permitidas), mas no todas me convienen, todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna.

Debemos usar más seguido nuestro cerebro, nuestra inteligencia y nuestra lógica.

Desgraciadamente casi no usamos nada de eso. Yo te invito a que razones las siguientes consecuencias por usar el regalo de Dios fuera de su lugar.

  • 1 – EMBARAZO.
  • 2 – ENFERMEDADES VENÉREAS.
  • 3 – TENER QUE CASARSE (EN VEZ DE QUERER CASARSE)

20454-25

ABSTENERSE PARA OBTENER

Cuando se habla de la virginidad y el sexo, casi parece una contradicción en estos días. Los jóvenes se están involucrando en relaciones sexuales a edades más tempranas que nunca. En 1995, más de 1 millón de muchachas se convirtieron en madres solteras. Es muy raro encontrar vírgenes, ya sean hombres o mujeres, hoy día. Las fuerzas de maldad vagan por el mundo buscando a quienes pueden robar.

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10: 10).

Tenemos el potencial de tener una vida sobreabundante, más allá de lo normal. Podemos vivir por encima de la mediocridad. Podemos tener una vida abundante en todas las áreas. Sin embargo, tenemos un enemigo: el diablo. Una de las cosas que el diablo quiere robarle a la juventud es su virginidad. Cuando se roba esto es robada la gloria que Dios ha puesto en esa área de nuestra vida.

Símbolo de la virginidad

En el Antiguo Testamento, cuando un joven y una señorita se casaban, eran acompañados por los padres hasta su alcoba privada y éstos se esperaban afuera de la puerta hasta consumarse el matrimonio en el primer encuentro sexual entre el esposo y su novia.

Cuando los recién casados habían terminado, les hablaban a los cuatro padres y ellos entraban para revisar la sábana blanca, esperando ver una mancha de sangre. Esta mancha era evidencia de la virginidad de la novia. Los padres de la novia se llevaban la sábana a casa y la guardaban por si algún día el esposo quisiera divorciarse acusando a su esposa de no ser virgen al casarse. (Vea Deuteronomio 22:13-21.)

En caso que el joven esposo se cansara de la mujer o si ya no le agradaba, la única manera de deshacerse de ella sería comprobar que su esposa no fue virgen al casarse. Si había cometido fornicación antes del matrimonio, él se podía divorciar de ella. Pero, si los padres de la mujer podían comprobar que había sido virgen, el hombre sería penado y multado por los padres, y tendría que tomar de nuevo a su esposa y cuidarla.

Varias cosas sobresalen en esto. Primero, el gran valor que se le daba a la virginidad. El valor de tu vida, especialmente la de la mujer, dependía de la evidencia de aquello. El hecho de que hubieras perdido la virginidad antes del matrimonio era suficiente, en el caso de la mujer, para divorciarse de ella, y ningún hombre la querría después. La virginidad era un reflejo de tu santidad, moralidad e integridad personal. El perder tu virginidad era ser alguien con un carácter débil, con poco valor ante la sociedad. Y en aquellos días, si no tenías carácter no tenías valor.

Todo pacto es sellado con sangre y es la evidencia externa de una obra interna. Necesitas recordar eso para entender. En su primera relación sexual, una esposa derramaba sangre, esta sangre era una señal de parte de Dios de que la pareja había entrado en pacto sagrado con Dios y el uno con el otro. El derramamiento de sangre sellaba el pacto. Esto es simbólico del pacto sagrado que Dios hizo con la humanidad por medio de Jesucristo por Su sangre derramada en la cruz.

El perder tu virginidad en el asiento trasero de un coche, o en algún otro lugar inapropiado antes del matrimonio es entrar en pacto ilegalmente o desperdiciar tu virginidad.

Es señal de la realidad de esa vida mejor, sobreabundante que podemos tener por medio de Dios a través de Jesús.

Así como confiamos en el poder de Dios para salvarnos del infierno, tenemos que permitir que ese mismo poder nos salve de la influencia del mundo en el área sexual. Permite que tu cuerpo sea temporalmente sacrificado y negado al placer. Presenta tu cuerpo en la manera que a Él le agradará. Esto lo podemos hacer permitiendo que esta verdad acerca del sexo cambie nuestras ideas sobre ello. Dios pide esto de nosotros, y Pablo dice que no es demasiado pedir en comparación a lo que Dios ha hecho por nosotros mandando a Jesús a morir en una cruz para traernos libertad. Perder tu virginidad es perder todo esto y no alcanzar la meta de excelencia que preservará tu auto-respeto.

Tel vez algunos que ya tomaron decisiones equivocadas dirán: Ya perdí mi virginidad. Tuve sexo antes del matrimonio con varias personas. Me siento mal, con vergüenza y culpabilidad. ¿Hay esperanza para mí? ¡Sí, hay esperanza para ti!

Los principios compartidos son principios de esperanza y no de condenación. Tu dolor y tu corazón pueden ser sanados. Lo que te fue robado, puede ser recuperado. Con la ayuda de Dios, se puede lograr. Él te puede restaurar. Quizá no podrás recobrar tu virginidad física, pero puedes recobrar el corazón y la actitud de la misma.

Ahora tienes que guardarte. Tienes que tener cuidado que la pasión no nazca en tu corazón. Cuando la pasión es concebida, el sexo quiere nacer. La pasión, en mi opinión, es una de las cosas más fuertes con la que tienen que lidiar los jóvenes. La pasión puede llegar prometiendo placer y satisfacción, pero al final de cuentas te esclaviza y te mata.