LA AMARGURA

Muchas veces hemos tenido alguna diferencia con una persona, o consideramos algunas acciones de otros como ofensas, debido a ello, nuestra actitud hacia esas personas cambia. El sentimiento de ofensa puede llegar a afectar nuestra forma de ser con los demás, mostrando: rencor, malas caras y actitudes semejantes, al grado de volvernos intolerantes.

Si esto ocurre, nos ha invadido la raíz más venenosa, “la amargura”. Hebreos 12:15 Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos.

En el griego del nuevo testamento, amargura proviene de una palabra que significa punzar (pikría). Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente el uso de la amargura en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura es entonces, algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.

La amargura es el resultado de sentimientos heridos muy profundos en el corazón y el pensamiento de la persona, por lo tanto, es muy difícil desarraigarla.

Tres razones por las que es tan difícil hacerlo son:

  1. El ofendido considera que la ofensa es culpa de la otra persona; por lo tanto razona: “Él o ella deben acercarse a mí para pedirme perdón y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima”.
  2. Cuando una persona está segura de que tiene la razón, no importa lo que diga la Biblia, Dios u otros creyentes; le rinde culto al ídolo que ha levantado en su corazón, el ídolo de estoy en lo correcto.
  3. Casi nadie nos ayuda a superar la amargura de nuestra vida. Por el contrario los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho, mira lo que te han hecho”. Estas palabras convencen al corazón herido y aíslan el pensamiento de la idea contraria.

Mencionar la amargura puede parecer Falta de compasión. Si alguien Cobra suficiente valor como para decirnos “estás amargado, eso es pecado y debes arrepentirte” este tipo de acciones dan la impresión de que a esa persona le falta compasión o es insensible al dolor.

Como creyentes debemos buscar siempre que nuestro corazón esté libre de amargura o resentimiento que afecte nuestra vida, debemos permitir que las santas escrituras nos ayuden a liberarnos de cualquier yugo.

DEBEMOS APRENDER A PERDONAR Y NO QUEDARNOS CON ESE SENTIMIENTO, PUES CON EL TIEMPO NUESTRO CORAZÓN SE ENVENENA.

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