Cómo honrar a una madre

“Honra a tu padre y a tu madre” Efesios 6:2a

“Paguen a cada uno lo que le corresponda… al que deban respeto, muéstrenle respeto; al que deban honor, ríndanle honor.” Romanos 13:7b

Cuando una madre temerosa de Dios se siente feliz y orgullosa de sus hijos, entonces sabemos que sus hijos la han honrado. Pero cuando una buena madre se siente angustiada e insatisfecha a causa de sus hijos, entonces, posiblemente, sus hijos no la han honrado. ¿Cómo se honra a una madre? Según la Biblia hay diferentes maneras:

1. Escuchándola.

“Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre.” (Pr. 1:8) “Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana.” (Pr. 23:22).

Sin importar la edad, siempre debemos mantener el oído abierto y el corazón respetuoso para considerar los consejos de nuestra madre. Ella como madre te ama y desea lo mejor para tu vida. Tiene un largo camino recorrido y un pasado lleno de experiencias con tesoros para enriquecer tu vida. Agradece su consejo aun cuando no lo sigas.

2. Ayudándola.

“Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte.” Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decir a su padre o a su madre: “Cualquier ayuda que pudiera darte ya la he dedicado como ofrenda a Dios”. En ese caso, el tal hijo no tiene que honrar a su padre. Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios.” (Mateo 15:4-6).

Considera su carga de quehaceres, su salud quebrantada, su largo camino de tareas, su cuerpo cansado, su día rutinario y tedioso, y ayuda un poco.

Necesitamos comprender sus deseos y preocupaciones y ayudar un poco a satisfacer sus expectativas. Pero, no pongamos condiciones a la ayuda que ofrecemos, todo lo que aportemos debe ser  incondicionalmente, de tal modo que ella se sienta feliz de recibir y aun de compartir lo que le damos. Tampoco esperes que otros hagan lo mismo que tú, has lo que debas porque eso agrada a Dios y eso te hace una persona feliz.

3. Perdonándola.

“Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.” (1 Pedro  4:8).

Nuestros padres, al igual que nosotros y todos los seres humanos, tienen una naturaleza caída y pecaminosa. Son imperfectos y son pecadores. Seguramente han cometido errores al criarnos y al disciplinarnos. Su trato con nosotros en ocasiones no lo hemos percibido justo. Ellos necesitan nuestro perdón aun cuando no lo pidan; si son honestos y humildes lo pedirán de alguna manera. Pero, si no lo hacen, nosotros necesitamos perdonarlos para que la amargura no se infecte en nuestra alma y nos destruya. Cuando los perdonemos seremos libres del resentimiento y disfrutaremos amarlos como Dios lo pide.

4. Comprendiéndola.

“Pero Rut respondió: — ¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el SEÑOR con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!” (Rut 1:16,17).

“No reprendas con dureza al anciano, sino aconséjalo como si fuera tu padre. Trata a los jóvenes como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.” (1 Timoteo  5:1,2)

Aunque Noemí no era madre de Rut, sino su suegra, vemos que comprendió lo que necesitaba y por eso la siguió hasta su muerte. Pablo aconseja a Timoteo que trate a los ancianos y ancianas de manera prudente y comprensiva. Que no les falte al respeto por sus errores y faltas. Cuando nuestros padres están ancianos e indefensos, es fácil tratarlos como niños y olvidarnos de la honra que se merecen, simplemente por ser nuestros padres. Cam le faltó el respeto a Noé, aunque este efectivamente no lo merecía, pero Dios respaldó la maldición pronunciada por Noé por considerar la arrogancia de su hijo. Nuestros padres darán cuantas de sus propios errores ante Dios, pero nuestro deber es amarlos y honrarlos incondicionalmente.