Homosexualidad y la Iglesia

Hoy en día nos encontramos viviendo tiempos difíciles, no sólo como seguidores de Cristo, sino como humanidad entera. Parece que hay muchas voces que se levantan en contra de las enseñanzas de las Escrituras y del diseño que Dios ha creado para nuestras vidas. Si bien es cierto que esto no es una novedad,  pues desde la caída el hombre se ha rebelado consistentemente contra su Creador, la fuerza de las voces que se levantan en ciertas áreas es bastante potente. Cada generación tiene sus retos, y cada uno de ellos está bajo la providencia de Dios. Así, es necesario que como cristianos estemos listos para levantarnos contra aquello que va en contra de nuestro Señor y su Palabra. Esto aplica para todos los pecados en la iglesia sin excepción. Sin embargo, para poder avanzar al Reino de Dios efectivamente, es de vital importancia tener una visión clara de los temas que nuestra cultura enfrenta. Este no es menos el caso para la homosexualidad.

Si bien es importante recalcar el hecho evidente de que no es el único pecado, es importante entender la naturaleza de éste, dado el clima cultural que se vive hoy. El cristiano está llamado a llevar el estandarte de Dios a nivel personal, eclesiástico y social. De igual forma, está llamado a pelear la batalla intelectual que se vive hoy en día. Sin embargo, es importante entender el asunto en cuestión sin caer en extremos. El cristiano está llamado a pelear la buena batalla de la fe, pero también está llamado para amar y predicar la verdad en amor.

12256

Tanto Cristo como Pablo nos enseñaron que el amor tiene una relevancia gigantesca en el cristianismo  (1 Corintios 13). Es decir, tenemos que entender lo que la Biblia establece como pecado, pero también tenemos que entender que el pecado no tiene un ente flotante separado de las personas. Más bien, siempre hablamos del pecado de alguien.

Esto es importante enfatizarlo. Cuando predicamos el evangelio, estamos predicando el evangelio a personas, seres humanos que han sufrido grandemente, y que necesitan un Salvador para cambiar sus vidas. Creo que hay dos faltas fatales en las cuales la iglesia misma puede caer. Por un lado, se puede cometer la falta de no predicar la Palabra de Dios completa.

Esto no es viable para los cristianos. Sin lugar a duda, el cristiano tiene que predicar la verdad en toda su totalidad, pues esta trae libertad a los cautivos (Juan 8:32). Por otro lado, el cristiano puede caer en el otro extremo, a saber, el juicio interminable, la falta de empatía por el sufrimiento que experimenta el pecador, y el rechazo del pecador que tanto necesita a Cristo como Salvador.  Entonces, se necesita un balance de conocimiento bíblico y la verdad, y el amor que Cristo tuvo con todos nosotros reflejado al pecador. Así, es importante prepararnos en el sentido intelectual y en el sentido espiritual.