CALENDARIO DE FIESTAS BÍBLICAS 2014

CALENDARIO DE LAS FIESTAS BIBLICAS

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¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA CON RESPECTO AL DIEZMO?


¿Para qué diezmar en estos tiempos?

 

Vivimos en un mundo que exige respuestas a problemas muy profundos

y generalmente insolubles. Nuestra sociedad es egoísta y materialista, y necesita desesperadamente hallar un rumbo espiritual.

Sin embargo, la mayoría de las personas dedican casi todos sus recursos físicos a la adquisición de bienes materiales y servicios que les brinden una mejor vida a ellas y a sus descendientes.

No obstante, Dios espera que quienes él está llamando tengan una perspectiva distinta, y que reconozcan que las necesidades y valores  Espirituales son tan importantes como sus equivalentes físicos.

 

elDiezmoEl propósito actual de la Iglesia

 

Dios está llevando a cabo un maravilloso plan, mediante el cual toda la humanidad tendrá la oportunidad de recibir la vida eterna incluso después de la muerte. Solo las enseñanzas y valores espirituales de Dios son capaces de llenar el vacío espiritual y emocional que actualmente aflige a la humanidad.

 

Jesucristo comisionó a sus siervos para que predicaran el evangelio al mundo entero y llevaran a todas las naciones las magníficas verdades que él ha revelado, y para instruir a quienes Dios ha llamado a su camino de vida (Mateo 24:14; 28:18-20). Por lo tanto, su Iglesia todavía tiene una gran obra por realizar.

 

La Iglesia ha debido enfrentarse al interrogante de cómo desea Dios que se financie su obra. Al examinar la Biblia de manera concienzuda y meticulosa, encontramos en sus páginas abundante evidencia de un método financiero consistente y eficaz. Ese método se llama “diezmo”.

 

La palabra diezmo se deriva de una antigua palabra castellana que significa “décimo”. Diezmar, por lo tanto, es simplemente la práctica de devolverle a Dios el diez por ciento de nuestro sueldo (vea Levítico 27:32). El diezmar es sencillamente una forma de dar, lo cual también es una práctica ordenada por Dios (Mateo 19:21).

 

El diezmo es una forma de adoración con la cual mostramos respeto a Dios: “Honra al Eterno con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9-10).

 

Debemos preguntarnos: “Le entregaré a Dios mi corazón, mi alabanza, mi gratitud, pero no mi apoyo financiero para su obra”.

 

El diezmo en la historia bíblica

 

Antes de que los israelitas entraran en la tierra que Dios les había prometido  (Levítico 27:30). ¿Por qué se adjudicó Dios el derecho a exigir el diez por ciento de todo el producto que obtenían de la tierra? Porque su petición estaba basada, y aún lo está, en una verdad muy simple y que con frecuencia se pasa por alto: ¡él es el dueño de todo lo que existe!

 

El primer relato bíblico de esta antigua práctica se encuentra en Génesis 14:18-22. Después de derrotar a cuatro reyes, Abraham diezmó del botín de guerra a Melquisedec, el sacerdote del Dios Altísimo. Obviamente, Abraham entendía muy bien que una forma apropiada de honrar a Dios era entregarle el diezmo de sus posesiones físicas, diezmaba voluntariamente, en un acto de gran humildad.

 

Él mostraba respeto y reverencia a Dios y a Melquisedec, quien era al mismo tiempo “rey de Salem” y “sacerdote del Dios Altísimo” (Hebreos 7:1). En realidad, Melquisedec era una manifestación de Jesucristo antes de su concepción y nacimiento como ser humano. Hasta ahora, él sigue sirviendo en esa misma capacidad real y sacerdotal (Hebreos 6:20), y el hecho de diezmar es una forma apropiada de rendirle el honor que se merece. Abraham reconoció que había sido bendecido por el Dios Altísimo, quien hizo posibles su victoria y todas sus bendiciones.

Miopía humana

 

Los seres humanos solemos pensar que nuestras posesiones son el resultado de nuestros esfuerzos personales. Dios está consciente de esta propensión nuestra, y ordenó a Moisés advertirles a los israelitas que no pensaran “mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza”. En cambio, debían acordarse “del Eterno tu Dios porque él te da el poder para hacer las riquezas” (Deuteronomio 8:17-18). Deberían servir a Dios “con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas” (Deuteronomio 28:47).

 

Jacob, siguiendo el ejemplo de su abuelo Abraham, reconoció esto. Cuando Dios le reconfirmó las promesas hechas a Abraham, Jacob le prometió a Dios: “de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20-22).

La práctica de diezmar fue incorporada más tarde en el pacto con Israel, como una ley escrita y codificada. La tribu de Leví, que no recibió como recibiría el diezmo de Dios de los frutos de la tierra, en pago por su servicio eclesiástico a la nación. A su vez, y conforme a lo que habían recibido de los diezmos del pueblo, los levitas diezmaban a la familia sacerdotal de Aarón (Números 18:26-28).

En los años subsiguientes el pago del diezmo fue descuidado y olvidado, con devastadoras consecuencias. Ya en tiempos de Nehemías todo el sistema divino de culto se había desmoronado y desintegrado; la adoración en el templo y la observancia del shábat se hallaban seriamente afectadas (Nehemías 13) y, debido a que no existía apoyo financiero para los levitas, éstos habían vuelto a trabajar sus campos para poder mantenerse (v. 10). El sistema de culto establecido por Dios había sido completamente abandonado.

 

Nehemías se dio cuenta de que para restaurar el culto divino era indispensable restablecer el diezmo. El corrigió enérgicamente a la nación por ser negligentes con sus diezmos (vv. 11-12) y reanudó esta práctica (Nehemías 10:37-38; 12:44), lo que a su vez permitió que los levitas llevaran a cabo la obra de Dios que les había sido originalmente asignada (Números

18:21).

 

Hoy en día, la práctica del diezmo juega un papel vital nos motiva a evaluar cuidadosamente el uso de nuestros recursos físicos, lo que nos asegura un enfoque más equilibrado y apropiado en nuestra relación con el Creador. La negligencia en relación al diezmo impacta negativamente al sistema bíblico de adoración, con consecuencias de largo alcance tanto para nosotros como para la Iglesia (Malaquías 3:8-10).

 

El diezmo en el Nuevo Testamento

 

En lo que se refiere al Nuevo Testamento y la experiencia de la Iglesia original, debemos tomar en cuenta varios puntos muy importantes. Primero, el surgimiento de la Iglesia no significó un abandono radical de las prácticas de la nación de Israel. Solo varias décadas después del establecimiento de la Iglesia del Nuevo Testamento, el libro de Hebreos aclara el impacto que la nueva administración de Cristo tuvo sobre la Iglesia y el sacerdocio vigente en esos días. Incluso aquí, es evidente que la mayoría de las leyes relacionadas con Israel no fueron abolidas, sino que a veces se aplicaban de distinta manera.

 

Mediante un corazón convertido, esta nueva nación espiritual por fin obedecería a Dios según su voluntad. Se nos dice que las enseñanzas y ejemplos del Antiguo Testamento fueron escritos para el beneficio de la Iglesia del Nuevo Testamento (Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11).

 

Instrucciones de Jesucristo y los apóstoles

 

El mismo Jesucristo claramente obedeció la ley del diezmo. En un duro reproche a los hipócritas líderes religiosos (Mateo 23:23).

 

Como quedó registrado aquí, solo días antes de su muerte Cristo confirmó sin ambages que el diezmo debía practicarse, junto con un sincero apego a “lo más importante” de los aspectos espirituales, que obviamente los escribas y fariseos estaban descuidando.

Los israelitas sostenían económicamente a la tribu de Leví por su servicio en el templo, entregándoles a los levitas el diezmo de Dios. Esta manutención hacía posible que Israel adorara a Dios y fuera instruido de acuerdo a su voluntad. Debido a que por razones prácticas el mensaje divino de salvación ya no era predicado por el sacerdocio levítico, esta responsabilidad ahora había recaído sobre la Iglesia del Nuevo Testamento. Los seguidores del mensaje del evangelio daban ayuda monetaria y de variados tipos a Jesús y a sus discípulos y más tarde a otros obreros de la fe, para que pudieran hacer la obra que Cristo le había encomendado a su Iglesia. Algunos ejemplos de este apoyo y los principios relativos a él se encuentran en varios pasajes del Nuevo Testamento, tales como Lucas 8:3; 10:7-8; 2 Corintios 11:7-9 y Filipenses 4:14-18.

El libro de Hebreos describe el cambio de administración que se produjo cuando la Iglesia del Nuevo Testamento —el templo espiritual de Dios (1 Corintios 3:16; Efesios 2:19-22) reemplazó en importancia al templo físico. Ahora, el dinero era entregado a los apóstoles del Nuevo Testamento (vea Hechos 4:35-37).

 

 

¿El diezmo, abolido en Hebreos?

 

    Escrituras enfatiza su apoyo a la reanudación de un sacerdocio “según el orden de Melquisedec” (vv. 15-17). En todos los aspectos, este sacerdocio de Jesucristo es muy superior al sacerdocio de Leví. Se necesitaba un “cambio de la ley” (v. 12) en cuanto al sacerdocio, porque la ley que Dios había entregado a Israel por medio de Moisés no incluía ninguna instrucción que hablara de un Sumo Sacerdote proveniente de Judá (vv. 13-14).

 

Este cambio de ley comprendía una modificación de tipo administrativo, es decir, la administración de los diezmos cambiaría junto con el traspaso del sacerdocio de Leví a Melquisedec (Cristo).

 

El apóstol Pablo se valió de una analogía para señalar que, de la misma manera que quienes servían en el templo eran mantenidos por las ofrendas recibidas en el templo, aquellos que ministraban en la Iglesia debían recibir apoyo económico de ésta. “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”, escribió él en 1 Corintios 9:14.

 

Una cuestión de fe

 

Cuando usted diezma, está sincronizando su actitud y conducta con los principios universales que se originan en Dios mismo, el gran Dador (Mateo 10:8; 19:21; 20:28; Lucas 6:38; 12:32; Hechos 20:35). El acto de diezmar refleja la naturaleza altruista y generosa de nuestro Creador y Proveedor. El no diezmar conlleva su propia penalidad: primero, disminuye nuestro potencial para el servicio eficaz y una mayordomía responsable ante los ojos de Dios (Lucas 16:10); segundo, nos perdemos las bendiciones tanto físicas como espirituales que Dios promete a quienes dan voluntariamente (Lucas 6:38) y aún más, podemos acarrear una maldición sobre nosotros mismos (Malaquías 3:8-10).

 

Dios indudablemente bendecirá a los que tienen una fe respaldada por buenas obras, y ellos serán participantes del proyecto empresarial más importante sobre la Tierra, el de proclamar las maravillosas nuevas del Reino de Dios a este mundo caótico.

 

Cómo profundizar nuestra relación con Dios

 

    El diezmo es un asunto profundamente personal entre nosotros y Dios — una manera de demostrarle la intensidad de nuestro compromiso y de nuestra relación con él. Dios diseñó la práctica de diezmar para que aprendamos a dar de nuestras pertenencias y así apoyar su obra en la Tierra. Con el diezmo le expresamos a Dios en forma limitada, pero tangible, nuestra gratitud por la abundancia de sus posesiones, que él nos permite usar para nuestro beneficio material. En definitiva, aprendemos a convertirnos en lo que él es, en dadores de lo que tenemos para el beneficio de otros.

 

Vemos, entonces, que el diezmo es precisamente lo opuesto a un enfoque egoísta de la vida. Dios está presto a apoyar esta generosa actitud bendiciéndonos de muchas formas.

 

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