¿CÓMO ES DIOS?

“NO TE HARÁS IMAGEN, NI SEMEJANZA ALGUNA DE LO QUE ESTÁ ARRIBA EN EL CIELO, NI ABAJO EN LA TIERRA, NI EN LAS AGUAS DEBAJO DE LA TIERRA. NO LOS ADORARÁS NI LOS SERVIRÁS; PORQUE YO, EL SEÑOR TU DIOS, SOY DIOS CELOSO, QUE CASTIGO LA INIQUIDAD DE LOS PADRES SOBRE LOS HIJOS HASTA LA TERCERA Y CUARTA GENERACIÓN DE LOS QUE ME ABORRECEN, Y MUESTRO MISERICORDIA A MILLARES, A LOS QUE ME AMAN Y GUARDAN MIS MANDAMIENTOS” (Éxodo 20:4)

El segundo mandamiento va al meollo de nuestra relación con el gran Creador. Tiene que ver con varias cuestiones críticas: ¿cómo conceptuamos a Dios? ¿Cómo nos lo explicamos o se lo explicamos a otros? Los ídolos son representaciones de dioses inexistentes, pero ¿acaso podemos hacer uso de pinturas u otros tipos de imágenes para representar al Dios verdadero? Pero sobretodo, ¿cuál es la forma correcta de adorar al único Dios verdadero?

Al examinar el primer mandamiento aprendimos que no debemos permitir que nada de la creación, incluso un ser humano, llegue a ser más importante para nosotros que nuestro Creador. El segundo mandamiento explica que en nuestra adoración no debemos reducir a Dios a la semejanza de un objeto físico. Esto, definitivamente, es algo que Dios no acepta.

El segundo mandamiento prohíbe explícitamente el uso de cualquier tipo de símbolos o formas inanimadas en adoración al Dios vivo. Per de hecho Dios creó una imagen de sí mismo aquí en la Tierra; el ser humano. En Génesis 1:27 se nos dice enfáticamente “Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”.

Los seres humanos son imágenes vivientes del Dios vivo. De todo lo que Dios creó, sólo nosotros fuimos hechos a su semejanza. Nuestro Creador es un Dios vivo, no una estatua, figura o pintura inanimada. De igual manera Jesucristo, como humano reflejó la imagen de su Padre. Dios no sólo hizo a los seres humanos a su imagen, sino nos creó para que lleguemos a ser aún más como Él. Esa es la razón de nuestra existencia: desarrollar en nosotros su mismo carácter Santo y Justo. Por eso es tan importante que entendamos claramente el propósito del segundo mandamiento.

SOLO DIOS PUEDE REVELAR COMO ES Él

En cierto sentido, lo que Dios le dice a la humanidad es “No traten de decirme como soy yo. ¡Y les diré cómo soy! Es muy importante que se den plena cuenta de que no aceptaré representación alguna de mí.

Dios nos dotó de la capacidad de crear y dirigir; estas cualidades son comparables a las suyas, aunque obviamente en un grado ínfimo. De toda la creación física, solo nosotros poseemos verdadero poder mental. Podemos razonar, analizar, planear y visualizar el futuro. Diseñamos y construimos; creamos literatura, arte y música. Podemos organizar, administrar y supervisar cosas, animales y gente. De manera muy, muy limitada, en muchas cosas nos asemejamos a Dios.

Más en otros aspectos estamos muy lejos de ser como Él. Nuestro carácter es débil y corrupto, y nuestras relaciones interpersonales dejan mucho que desear. Nuestro entendimiento Espiritual es limitado, y muchas veces equivocado o tergiversado. Nuestras ideas frecuentemente resultan inexactas y nuestros juicios son parciales. Si bien es cierto que Dios nos ha dado, en forma limitada, habilidades y características parecidas a las suyas, es mucho lo que debemos aprender y corregir para poder llegar a ser más como Él en nuestro carácter y nuestra naturaleza.

EL EJEMPLO PERFECTO

Con todo, Dios no nos ha dejado sin un modelo perfecto de su carácter, Jesucristo (Juan 14:9). El apóstol Pablo describió a Jesucristo como “la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación” (colosenses 1:15).

Dios se propone cambiar la naturaleza espiritual del hombre. Así como Cristo es la imagen del Dios invisible, así quiere el Padre inculcar en nosotros su propio carácter. Se acerca el tiempo cuando Dios transformará de una existencia física a una existencia espiritual a quienes en su corazón y mente hayan llegado a ser como Él.

El apóstol Pablo explicó a los cristianos en Corinto cómo esto habrá de realizarse (1ª corintios 15:50-53). El apóstol Juan se refirió a esta misma transformación (1ª Juan 3:2).

DIOS NOS HACE RESPONSABLES

Esto nos trae a la última parte del segundo mandamiento: “No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. (Éxodo 20:6)

El Eterno Dios nos hace responsables por nuestras palabras y hechos. Jesús dijo: Jesús dijo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y verdad es necesario que le adoren” (Juan 4:24) En nuestra adoración a Dios no debemos utilizar imágenes ni ritos sin sentido.

El conocimiento y entendimiento de la verdad de Dios son indispensables para que se vaya formando el carácter santo, justo y perfecto que Él quiere crear en nosotros (2ª Pedro). Una vez que empezamos a entender la revelación de Dios, Él nos hace responsables por lo que sabemos. Debemos aplicar en nuestra vida ese conocimiento. Los verdaderos adoradores de Dios son los que hacen lo que aprenden  (Romanos 2:13; Santiago 1:22-25).

Cuando obedecemos a Dios estamos imitando su forma de pensar y de actuar (Efesios 5:1), y esto en sí es un acto de adoración. Le honramos y magnificamos por la forma en que vivimos.

LOS RESULTADOS INSIDIOSOS DE LA IDOLATRÍA

La imagen física de una deidad, ya sea un grabado, una pintura, una fotografía, no tienen vida ni poder. Quiere que leamos acerca de Él, que aprendamos como es y que lo imitemos fielmente. Dios explica por qué no quiere que se usen imágenes en su adoración (Deuteronomio 4:15-20).

Dios quería que los israelitas que ellos debían adorar al Dios vivo, no a imagen o ídolo alguno, y que siempre dirigieran su adoración hacia el Creador y nunca hacia objetos dentro de su creación.

IDOLATRÍA E INMORALIDAD

Las religiones idólatras del mundo antiguo estaban ligadas de manera intrincada con la fertilidad de los animales, las tierras y las plantas. Al asociar la fertilidad humana con los fenómenos naturales que sus ídolos representaban –el sol, la lluvia y la tierra- practicaron ritos de fertilidad en los que había orgías sexuales y prostitución en sus templos. Admitían adolescentes para hacerlas servir en templos como prostitutas.

Esta es la razón por la que con frecuencia la idolatría y la inmoralidad se mencionan juntas en la Biblia. El apóstol Pablo escribió acerca de este problema (Colosenses 3:5). El apóstol Pedro nombró otras prácticas corruptas junto con la idolatría (1ª Pedro 4:3-4).

EL PODER QUE SE ENCUENTRA DETRÁS DE TODO ESTO

La idolatría se condena tajantemente, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Pablo encomió a los cristianos que se habían “convertido de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9), y a otros les recomendó: “Amados míos, huid de la idolatría” (1ª Corintios 10:14). Detrás de todo este asunto de los ídolos se encuentra Satanás mismo (2ª Corintios 4:3-4).

Satanás influye en la gente para que en sus mentes visualicen como una imagen inanimada – muerta- al propio hijo de Dios. El propósito de Satanás s desviarlos para que no conozcan ni sirvan al verdadero Jesucristo de la Biblia, quien es la imagen viva, vibrante y perfecta del Dios vivo. Al cegar a la mayor parte de la humanidad (Apocalipsis 12:9) para que no vea la importancia que tienen los mandamientos de Dios, satanás ha tenido éxito en desviar a millones de personas que profesan adorar a Cristo, para que adoren a ídolos o imágenes, todo lo contrario de las claras instrucciones de Dios en el segundo mandamiento.

DEBEMOS RECORDAR PARA QUE FUIMOS CREADOS

El segundo mandamiento es un recordatorio constante de que, de toda la creación, sólo el hombre fue hecho a la imagen de Dios y conforme a su semejanza. Este mandamiento protege la relación especial que tenemos con nuestro Creador, quien nos hizo a su imagen y continúa moldeándonos a fin de que, algún día, cada uno de nosotros llegue a ser una imagen espiritual de Él.

El segundo mandamiento nos recuerda que Dios es mucho más grande que cualquier cosa que nosotros podamos ver o imaginar. No debemos permitir que ese conocimiento sea desvirtuado o borrado por hacer uso de imágenes o símbolos en nuestra adoración a Dios.